Opinión / ENERO 27 DE 2021

¿Quieres ser mi amigo?

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En la columna anterior hablábamos de la importancia de la complicidad y libertad en las relaciones de pareja, algunas personas pueden asumir esta tesis como tener relaciones abiertas y en realidad quiere decir más que eso.

Si analizamos en las relaciones humanas las que más perduran y se estabilizan en el tiempo son las amistades, estas personas que consideramos amigos no son impuestas, son elegidas por nosotros en un proceso en el que interviene la casualidad para encontrarlas, la afinidad en intereses y filosofías de vida, la confianza para contar nuestras situaciones y casi siempre la libertad para entender que nos podemos equivocar.

A diferencia de las relaciones con los padres, hermanos, tíos y primos, que son relaciones familiares donde se involucra la conexión genética arbitraria e impuesta, los amigos logran tener una conexión más real que puede durar toda la vida y donde nos sentimos más cómodos.

Es por esto que deberíamos comprender las relaciones de pareja desde la conexión de la amistad, esta sería la mejor forma de perdurar y tener relaciones más estables y duraderas, asumiendo la motivación de estar con el otro desde el mismo punto de ser amigos y de comprender que podemos escuchar sin juzgar, entender sus temores sin necesidad de asumirlos como una debilidad en la relación y comprender que en el transcurso de la vida puede haber cambios significativos en su personalidad que podemos entender como lo haríamos con nuestro mejor amigo.

Cuando logramos conectarnos en pareja desde una filosofía de amistad aprendemos a conocer más al otro, somos libres con lo que sentimos y alimentamos completamente la comunicación que es un factor fundamental para poder estabilizar el proceso relacional.

El valor de la amistad hace también que no terribilicemos las situaciones que vivimos en pareja, que entendamos las fantasías y necesidades del otro hasta el punto de poder compartirlas, ahí derribamos los fantasmas de la infidelidad, la inseguridad y la desconfianza, ya que somos tan libres para expresar nuestros deseos que no existen estos fenómenos que pueden afectar tanto las relaciones.

Cuando pensemos en consolidar relaciones o asumir dar un paso a unirnos con alguien, la pregunta más importante debería ser: ¿Quieres ser mi amigo? Ya que no todas las personas están dispuestas a esto, algunos ni siquiera tienen la capacidad de hablar, practican el silencio como una forma de afrontamiento y ocultan sus debilidades por temor al otro.

Evolucionar en las relaciones sería romper este paradigma de orgullo y egocentrismo y caminar hacia la amistad para sobrellevar cualquier situación difícil, si estamos dispuestos a esto, estaríamos ganando un mejor amigo que va a compartir un momentico de su vida con nosotros y que quiere ser feliz por su propia vida para así complementar la nuestra.
 


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