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Opinión / JULIO 06 DE 2009

Quindío, signo de libertad

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43 años de vida administrativa está celebrando Quindío. Un solemne tedeum dio inicio a las celebraciones el 1 de julio, acompañado de un concierto nocturno majestuoso, un deleite para el alma.
El 2 de julio la Academia de Historia obsequió al pueblo quindiano dos conferencias magistrales, una magnífica forma de celebrar, pues qué mejor para conmemorar la existencia de nuestro departamento que conocer más sobre él y dar una mirada a su pasado y presente, con una prospectiva de futuro.
El evento: excelente.
La primera conferencia versó sobre economía y fue orientada de manera acertada por el doctor Gonzalo Valencia Barrera. Nos ayudó a comprender mejor nuestra historia, que está cruzada por la prosperidad, y nuestro presente, donde el cambio de paradigmas, la capacidad emprendedora y la mentalidad amplia y de gran proyección, son los desafíos para superar nuestras falencias y construir juntos un porvenir más prometedor y de abundancia para todos.
La segunda, fue orientada por el periodista e historiador Miguel Ángel Rojas. ¡Qué ilustrativa y enriquecedora fue! Una ventana a los hechos que contribuyeron a edificar el hoy, una explicación de lo ocurrido, que configura en gran medida las raíces que sustentan lo que somos y hacemos.
En un aparte de su exposición explicó que muchas personas vinieron al Quindío para acceder a la tierra, trabajarla y ser libres… Libres… El eco de esta palabra quedó en mi pensamiento y sigue ahí.
Nuestro departamento, que ha sido siempre un paraíso por la bondad de su clima y la hermosura de sus paisajes, fue además una promesa tangible de libertad y tranquilidad, en un momento de dominación, guerra y servidumbre.
Entonces nuestros ancestros, hombres luchadores y mujeres valerosas, fueron además espíritus sedientos de libertad, que llegaron aquí para conquistar territorios en los cuales sembrar sus esperanzas y cosechar riqueza y bienestar.
Y hoy, los hijos de los hijos, de los hijos de esos hijos, comprendimos por fin de donde nos viene esta necesidad perenne de vivir sin cadenas, respirar aire puro y caminar con la mirada puesta en un horizonte infinito. Aún ahora, los que habitamos este sitio, necesitamos ser libres para poder vivir, porque en la esclavitud no podemos existir.
Libres para tener a nuestros hijos y educarlos de la forma más adecuada y recta. Libres, de los insoportables afanes y congestiones de la gran ciudad, de sus atascadas calles, de su tránsito insufrible. Libres para transitar por las calles de los pueblos, saludar a todos y detenernos en un punto cualquiera a disfrutar un café.
Libres, para engolosinar las pupilas de montañas azules (y verdes) de flores anaranjadas, de ríos impetuosos y cielos sin tempestades.
Libres, para ser felices, para enamorarnos, para contar un chiste, para comer una empanada o una arepa caliente en cualquier sitio (siempre se les encuentra), para ver buen teatro, disfrutar de la danza, y escuchar el viernes a la Banda Departamental.
Libres, para decir lo que queramos y creer lo que nos parezca, para concertar, concurrir y disentir, para abrazar… Aquí, en el Quindío, el mejor lugar para vivir y gozar la libertad.
angelaquindio@hotmail.com

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