Opinión / OCTUBRE 21 DE 2021

Rafael Uribe Uribe

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El 15 de octubre de 1914 fue asesinado, vilmente, el general Rafael Uribe Uribe, cuando se dirigía al Senado de la República. Sobre la acera oriental del Capitolio Nacional, dos sicarios tasajearon, con cólera y sevicia, la nuca y el rostro del mártir liberal, motivados por esas pasiones políticas que han atormentado, desde tiempos pretéritos, a la nación.

Uribe nació en 1859, en Valparaíso (Antioquia), lugar en el que transcurrió su infancia. Posteriormente, su familia se estableció en Buga (estado soberano del Cauca); allí, se incorporó al ejército liberal del general Julián Trujillo y, cuando tenía 17 años, en 1876, participó en la cruenta batalla de Los Chancos en la cual resultó herido por una bala. En 1882, se graduó como abogado del Colegio del Rosario. En 1883, regresó a Medellín a ejercer la abogacía y la docencia. Apenas había transcurrido un año y el sonido de las armas se volvió a escuchar, los radicales se alzaron contra el gobierno recién elegido del liberal Rafael Núñez, acusado de entregarles el país a los conservadores. 

Como integrante del ejército rebelde de Antioquia, Uribe combatió al mando de una tropa que fue derrotada. En 1885, asesinó a un soldado que se había rebelado, hecho por el cual fue llevado a prisión. En aquellos meses de infortunio escribiría el Diccionario abreviado de galicismos, provincialismos y correcciones del lenguaje. Una vez puesto en libertad, se ocupó en asuntos personales y comerciales. En 1895, tomó las armas contra el Gobierno, pero su ejército fue derrotado en solo dos meses. En 1896, fue elegido representante a la Cámara, siendo el único liberal en medio de una jauría conservadora.

Participó en la Guerra de los Mil Días en la cual también fue derrotado. Finalizado ese conflicto que devastó a la nación, el conservador Rafael Reyes accedió a la presidencia; con el propósito de aclimatar una nueva atmósfera de paz, decidió invitar a Uribe, connotado líder de la oposición, para colaborar en su Gobierno. La reacción de sus copartidarios era de esperarse, las envenenadas plumas de los editorialistas liberales lo señalaron como colaboracionista y traidor. Por causa de esta persecución, a finales de 1906, Uribe decidió separarse del liberalismo. Tiempo después conformaría un nuevo movimiento que fue conocido como el ‘bloquismo’.

Uribe fue un gran pensador, humanista y visionario, con una habilidad carismática para inspirar a los hombres y relacionarse con las masas. Sus actividades políticas e intelectuales son, de lejos, más importantes que sus malogradas experiencias militares. En 1907, sus buenos oficios como ministro plenipotenciario ante el Gobierno de Chile permitieron la llegada de una misión de ese país para transformar la formación de los oficiales del Ejército Nacional.

El ilustre general, versado internacionalista, ha sido reconocido por ser dueño de una dialéctica formidable y por sus conocimientos de la lengua, la historia, la sociología, la geografía y el derecho. De él se dice, especialmente, que fue un hombre incorruptible. Un ejemplo de quien, como tantos otros colombianos destacados, no merecía una muerte temprana. Los ideales de este ciudadano y soldado están escritos, pero lejos de estar representados. 


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