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Opinión / ABRIL 06 DE 2023

Recibamos esa Luz

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Firmes con el amor a Cristo, iniciamos la Semana Mayor para vivir y sentir llenos de alegría la fecha más importante; momento donde los católicos vivimos los últimos días de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, acompañados de la celebración del Triduo Pascual, donde la Iglesia católica conmemora la pasión, muerte y resurrección del Salvador del mundo, el Hijo de Dios, el único camino por el que podemos volver a vivir con nuestro Padre Celestial.

El padre Rafael de Brigard dice: “Ese camino de vivir la Semana Santa implica ponerse de frente a la obra de Jesús a través de la liturgia e ir haciendo un proceso interior de apropiación de esta realización divina hasta que toque lo más íntimo de la propia condición humana y la vaya moldeando cada vez más según la figura única de Jesús”. ¿Es o será muy extraño y raro hablar hoy en día de un camino o cambio interior?  

Son tantos los momentos difíciles vividos en los últimos días por esos placeres, arrogancia, egos, intereses desbordados, aparente tranquilidad o cinismo de unos o muchos tapando sus beneficios con los que dañan al país y sin interesarles levantar la cabeza ni mirar más allá ante esas grandes desigualdades empresariales, humanas y sociales que se sienten y se perciben. 

Ante estos vacíos, que esta Semana Santa sea la oportunidad y el momento más especial para que recibamos esa luz o faro que se requiere y necesita el mundo para mirarnos, convertirnos y poder sanar la humanidad. Es la luz divina que viene a devolver esa vista a la sociedad, a líderes y gobernantes que han estado ciegos y encerrados en esa lucha por ese poder, sin querer hacer nada ante el ejemplo o espejo más claro que hoy se ve por el mundo y en Colombia. 

No sintamos temor y pidamos con entusiasmo que llegue esa Luz, don divino y maravilloso; que al recibirla encontraremos con ella esa paz perdida que unos no quieren tener, para que ilumine y guíe nuestros sueños e intenciones de aportar para un mejor país y nos muestre el camino correcto y el que debe ser, para que los cambios que pide la comunidad se asuman con toda la responsabilidad por parte de los mismos autores de los daños que curiosamente hoy se muestran como salvadores simulando defendernos, cuando en el fondo están es impidiendo llevar y generar un mejor beneficio a la misma sociedad y al país. 

Llegó el momento donde nos toca a nosotros, pueblo de Colombia, convertirnos en la generación del perdón. La violencia acumulada y las heridas abiertas son tales que exigen empezar por ahí: reconciliarnos con Dios, con las almas y espíritus de las vidas humanas truncadas por nuestra culpa o desidia personal y colectiva”, monseñor Darío Monsalve.


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