l
Opinión / AGOSTO 23 DE 2023

Recordando a Tibú (1)

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Seis décadas atrás, Tibú, La Alcabala, como preferían llamarlo los locales, corregimiento de la distante Cúcuta, próximo a la frontera con Venezuela, era, mediando la década de los sesenta, un caserío en desordenada expansión urbana, calzadas polvorientas, castigado a diario por un sol sin treguas y temperaturas de caldera. El campamento de la Colpet, empresa de la concesión Barco, años después revertido a la petrolera estatal, Ecopetrol, isla semiurbana demarcada por vallas metálicas y alambradas de seguridad; en su interior, equipos de extracción, bombeo, tanques de almacenamiento de crudo, oficinas y bodegas, ductos, construcciones de calidad, vías bien demarcadas, prados, contrastaba con una zona exterior, de precarias viviendas anexas, con carencias y deficiencias propias de la informalidad, ya en ebullición social. Décadas después, promovido a municipio, Tibú, sus alrededores, cobraron temporal notoriedad en noticieros y medios impresos. Hechos violentos ocurridos a partir de la irrupción de grupos armados ilegales -uno de estos, de enseña rojinegra, victimario de la región, hoy negocia de igual a igual con el actual gobierno nacional imponiendo condiciones-, proselitismo de extrema izquierda, narcotráfico: asesinatos selectivos, confrontaciones entre bandas, masacres, cruentos ataques a la fuerza pública, son desde entonces hechos cotidianos, sin mayor relieve informativo. 

Escuchar versiones encontradas sobre un reciente homicidio múltiple, acaecido en la vecindad que aquí evoco, núcleo de actividad inusitada, al tiempo zona de riesgo para habitantes o visitantes por cuenta de enemigos del Estado, de la legalidad, me transporta al pretérito. 

La vivencia a narrar -intrascendente, advierto- conservada en la salmuera del recuerdo, tuvo lugar a breve distancia del entonces caserío. Mario, primo de mi padre, establecido en Cúcuta tras obtener el título de abogado en la capital, Bogotá, y hacer en el Congreso pines políticos a la sombra de su mentor regional, Lucio Pavón Núñez, poseía una propiedad agroganadera que limitaba con el caudaloso Catatumbo. Allá llegamos en plan de vacaciones escolares, remitidos por el propietario, en compañía de Carlos, hijo suyo, tras casi 24 horas de penoso viaje Bogota-Cúcuta, apretujados en la bodega de equipajes en un vetusto bus de línea, y breves días de alojamiento en su casa de “El portón de la frontera”, uno de mis hermanos menores y quien relata. Adolescentes, citadinos, con apenas ocasionales incursiones a la ruralidad, ignorábamos casi todo sobre el campo y sus faenas, sobre ganado, animales domésticos o de monte; de modo que para nosotros se trataba, ni más ni menos, de una imprevista y prometedora aventura. La noche siguiente al arribo, a los iniciales descubrimientos, el joven e hiperactivo administrador de la finca, nativo del lugar, guiado seguramente por la intención de ofrecer a los bisoños recién llegados una experiencia memorable, nos invitó a pescar. Aceptación entusiasta e inmediata. Abordamos los cuatro la estrecha canoa de tronco horadado, portando un par de remos, la atarraya, linterna y demás accesorios, situándonos, expectantes, en mitad de la corriente. Atentos a instrucciones, a cuanto hacía el experto a bordo, vimos bajo el reflejo lunar cuando de pie, en difícil equilibrio, preparó la red, con su serie de plomos anudados en los bordes, cuerda de extracción sobre el hombro. Sin cálculo especial, sopesando el conjunto asido con sus manos, atenido a la experiencia, tomó impulso, haciendo un amague de media vuelta con el torso, el brazo derecho extendido, lanzando con fuerza la red de pesca hacia el agua. Maniobra infortunada; el ejecutante perdió el equilibrio, dio un traspié, y al caer volcó la lancha.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net