Opinión / ENERO 15 DE 2021

Recuerdos de Estanislao Zuleta

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Henao nos acompañó con sus columnas de opinión, lo hizo hasta el día de su muerte. El texto que hoy recordamos también nos recuerda al profe Jairo, es un fragmento del ensayo Dos poetas en la vida de Estanislao Zuleta, publicado en 1991 por la revista literaria Anaconda. Gracias profe, descanse en paz.

Un amigo borracho con jugo de curuba y palabras emocionadas, tal vez por el feliz encuentro, esa posibilidad tan lejana del verdadero encuentro con el intelectual, tan escaso en realidad en este país, le prometía a Estanislao Zuleta bajo pertinaz juramento (aunque su voz temblaba un poco) escribir sobre su obra y su vida. Ante las pretensiones de este amigo común y ante tamaña propuesta, el señor Zuleta levantó los párpados y dejó asomar sus desmesuradas pupilas de loco y con la fuerza enfática con que le gustaba hablar, le respondió: ¡hombre, por favor, espere a que me muera para no tener la desgracia de leer lo que escribirá sobre mi vida; pues mis escritos por sí solos se defienden! Como bien sabemos todos los que le conocimos, Estanislao era un hueso gordo y duro de roer en cuanto se refería a halagos o cosas por el estilo. Cuando recibió el “Honoris Causa” su respuesta fue ese aleccionador escrito, “Elogio a la dificultad”. 

En realidad, Estanislao Zuleta ha muerto. Yace bajo tierra esa mole, mezcla de ironía y sabiduría; ese roble, mezcla de generosidad y autoridad; ese gigante, mezcla de provocador y crítico; ese dragón, niño de los pantanos cuyo vital alimento era su sed de conocer… ¡Terrible noticia! Y la tinta, tanto de los ebrios de jugo de curuba, la de los ebrios de aguardiente, como la de los ebrios de saber ha empezado derramarse sobre los periódicos, revistas, papeles anónimos, paredes, placas, libros, y sobre las mesas confundiéndose con el vino y con las palabras llenas de aprecio, de dolor, de evocación. 

El mejor homenaje que se le puede hacer a un amigo muerto o ausente es recordarlo en la conversación como si estuviera vivo. Traerlo a nuestros relatos como uno más de los personajes que de la vida somos. Quienes conservamos aún la “manía” de la tertulia sabemos que las palabras gesticuladas y las imágenes del otro penetran la ruta de nuestros proyectos y se convierten en compañeras amables de viaje. Ahora sus ojos de loco y su lengua mordaz están bajo tierra, pero no por ello dejarán de seguir riendo. También yo voy a contribuir a este reguero de tinta, que son más o menos las lágrimas derramadas de quienes nos duele la pérdida de un amigo del tamaño de un hombre como Estanislao Zuleta… 

Una vez, paseando sobre los “Jardines de Freud” en la Universidad del Valle, le vi venir abrazado a dos muchachas, y creo que ante la cara de sorpresa que puse -aunque me inclino a pensar que fue más de envidia-, me escupió la siguiente frase: hombre, estoy tratando de enseñarle a estas muchachas a querer a Baudelaire. Sí, estaba sorprendido. Me sorprendía aquella imagen: un hombre corpulento que a manera de cruz dejaba caer sus enormes brazos sobre los redondos hombros de dos coquetas muchachas quienes sonreían cómplices y torcían sus ojos la una hacia la otra por encima del pecho gigante de aquel hombre que las atenazaba. ¡Era una imagen bien provocadora! Me sorprendían sus palabras. Qué interesante manera, qué extraña manera, qué seductora manera de enseñar a querer a un poeta como Baudelaire. Estanislao era una caja de Pandora, una verdadera caja de sorpresas.

Tanto en sus conferencias como en las tertulias le escuchábamos siempre decir: todo cuanto quiero al exponer un pensador o artista es hacérselo querer. Este era un principio fundamental para él. Era un lector apasionado que dedicó la mayor parte de su vida a eso, a leer y a difundir lo que leía. Leía con pasión. En realidad, se enamoraba de lo que leía. Pienso que leer es interrogarse por su propia existencia. Porque en cierta forma la hermenéutica de la vida está en consultar lo que otros hombres bucearon en su propia existencia y en la existencia de sus pueblos. Nuestra capacidad de conocer y de amar está en esta consulta. Uno de los más profundos investigadores que ha dado la humanidad, Leonardo da Vinci, decía a propósito de esto: el gran amor nace del gran conocimiento de aquello que amamos, y si tú no lo conoces, no podrás amarlo o lo amarás pobremente. En esa imagen, Zuleta abrazado a dos muchachas, y en su propuesta puedo presentir el entrecruce de tendencias fundamentales en la cultura de los hombres. Poetizar la vida con un canto y un abrazo que son el inicio transhistórico del devenir humano: amar y conocer. La poesía es el enseñar a amar el conocer para conocer lo que se ama. Digámoslo en otra fórmula, vivir poéticamente la existencia.  

Durante los años que le conocimos, Estanislao nos recordó varias veces que Baudelaire era su poeta de cabecera. En muchas de sus alucinantes conferencias decía que Baudelaire fue el primer lírico que escribió sobre la ciudad, hecho que consideraba como una verdadera proeza. Además, con una visión crítica sobre ella, no obstante estar en el siglo XIX. Le parecía muy interesante el hecho de cómo el poeta se identificaba con los marginados que iba dejando el ritmo inhumano y vertiginoso de las populosas ciudades. Se identificaba con los viejos, los borrachos, los obreros, las prostitutas, los intelectuales. Podríamos pensar en poemas tales como: Las viejitas, Crepúsculo de la tarde, El vino de los asesinos, El albatros, para solo mencionar algunos. Para Baudelaire tenía Estanislao un profundo respeto, un profundo amor, un constante sorprenderse y un gozar en la repetición de la lectura o en el recordar poemas enteros.  

Estanislao era un verdadero apasionado por las obras de las cuales se enamoraba, pero a la manera como lo consideraba el pintor Leonardo da Vinci. Así que ese enseñar a amar, o querer, significaba también enseñar a conocer. Los que le conocimos, o los que le han leído descubrimos que cualquier pensador, o cualquier tema que él abordó lo hizo con esa intención, la intención de provocar al lector (lector, o asistente a sus charlas y tertulias) a que amara, a que conociera el pensamiento del otro. Dicha incitación fue hecha desde la embriaguez. Después de salir de una conferencia de Zuleta teníamos la sensación de habernos bebido media botella de brandi, y también unos deseos intensos de leer, de escribir, de conversar. Aquí, pienso que Estanislao poseía el alma del poeta. Embriagaba con sus reflexiones, con sus palabras y la provocación.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net