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Opinión / ENERO 19 DE 2023

Reformas, ¿sí será?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El 2023 se espera sea el año de la esperanza para ver esos sueños de la mayoría de los colombianos, después de tantas luchas. La sociedad civil fatigada despertó un poco y eligió unos congresistas que, ojalá, apoyen las urgentes reformas en esta vigencia; será la oportunidad para conocer su compromiso y sinceridad de servirle al país, a la sociedad que los eligió y para hacer realidad esas posibles reformas que se requieren para construir una mejor nación.

 Reformas, ¿serán una realidad? A pesar de las voces de cambios de la misma sociedad, sorprende la confusión, las dudas y el poco conocimiento de la ciudadanía. Por eso la pregunta: ¿cuáles son esas reformas qué quieren hacer y para qué?  

Las tantas voces proclamando cambios, asimiló con la palabra “reforma” con esa canción que gusta, atrae, sirve para opinar, la critican, la cantan, brincan, disfrutan su música y en manada salen a bailar, a gozar de ella hasta que se acabe o se fatiguen, a pesar que muchos o algunos de esa manada, ni siquiera saben bailar ni saben nada de música. 

Así está pasando con las reformas esperadas. Hablan de unas más que de otras, con soluciones, sin analizar a fondo; repiten lo mismo, todos, disimulando aportar, cuando lo que daña y requiere el país con urgencia es acabar con viejas prácticas; hay silencio total, no dicen ni agregan nada, como si existiera temor a dañar lo pactado en las supuestas mesas de trabajo en las que se percibe la participación de integrantes que no dan confianza ni representan al país, parece más un grupo de amigos que luchan por sus intereses personales y otros que sin conocer la esencia de lo público pueden poner posiblemente en alto riesgo económico al país por apoyar decisiones más en función electoral y de partidos, debieran mirar primero la disponibilidad financiera, pero ni valoran ni estudian leyes hechas que se pueden modificar, mejorar, ampliar con otras alternativas, más posibles y viables sin riesgo al país y que cumplirán más ese objetivo social que requiere la sociedad civil, sin riesgo alguno. 

Como el Congreso es el que aprueba las reformas y, aunque el pueblo no conozca los temas, por respeto a él, debe divulgarlas. Preocupa el silencio de las mesas de trabajo y de muchos congresistas frente a las reformas, parecen actuar igual que en esas mesas, guardan silencio como cómplices de lo que presenten rápido, sin socializar y, posiblemente, aprueben sin importar si dañan las finanzas del país. Mucho cuidado, pues ante esto el país debe alistarse a recibir un triunfo o engaños y mentiras. 

Sin iniciar todavía reuniones en el Congreso, el silencio que guardan muchos confirma no interesarles las reformas esperadas, pero sí van es a luchar para ellos: reforma política y electoral, para no pelear con el gobierno, ganar las elecciones locales, en lugar de defender las reformas que se aplazarán otra vez, hasta que exista voluntad y tiempo. Dios quiera que no sea así.


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