Opinión / OCTUBRE 22 DE 2021

Renovar la acreditación institucional

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El 7 de marzo de 2017 fuimos acreditados de alta calidad. Ello significó un punto de quiebre histórico para nuestra alma máter, pues así entraba en el ámbito de las mejores universidades del país. Era continuar la ruta que nos habíamos trazado de involucrarnos territorialmente en torno al mejoramiento permanente. Fue hacer realidad la exigente decisión de ‘pertinencia creatividad integración’ en la que nos comprometimos.

Tenemos el convencimiento que llegar a una meta no significa terminar el propósito; es, al contrario, empezar la construcción de nuevos derroteros e ingresar al círculo virtuoso de la calidad, pues como lo que no se mide no se controla, por lo cual es necesario determinar acciones y procesos, en nuestro caso, enmarcados en todas y cada una de las recomendaciones que, para el mejoramiento de la calidad institucional, nos dejó el Consejo Nacional de Acreditación. Así entonces, hemos empezado a reafirmar los avances alcanzados y el futuro que pretendemos para las dinámicas académicas, tecnológicas, administrativas y de infraestructura, siempre basados en la situación que vivíamos cuando fuimos acreditados institucionalmente. Los hechos son tozudos, nadie puede negarlos ya que las realizaciones ejemplares así lo evidencian.

De lo anterior surge una inquietud: ¿por qué y para qué renovar la acreditación institucional? Un desprevenido ciudadano o cualquier detractor, podrían afirmar que la incidencia es imperceptible, que la alma máter quindiana sigue igual y que ‘la acreditación es de papel’. Nada tan lejos de la realidad. La sociedad, más que nunca, camina a nuestro lado. Y nosotros caminamos el territorio acompañándole en sus diferentes desafíos. Hemos logrado posicionar a la institución como un referente fundamental para establecer caminos de acompañamiento a los distintos actores de la sociedad, el socio ineludible que está presto a responder frente a las necesidades territoriales. 

Por eso, vamos a encontrar que los aspectos a mejorar hallados cuando la Acreditación Institucional de Alta Calidad nos fue otorgada, se han subsanado. La importancia de habernos acreditado y ratificarlo, es el convencimiento de todos los estamentos que, sin excepción, aportan desde sus responsabilidades.

Un momento de la historia reciente y que demuestra ese compromiso fue la pandemia iniciada en el mes de marzo de 2020. Todos los actores universitarios, de manera comprometida, estuvieron al frente de sus obligaciones, adaptándose a las exigencias de las circunstancias. Jamás olvidaron que la Universidad del Quindío, como centro de formación superior, está constituida por individuos capaces de afrontar retos en condiciones difíciles, sin dejar de lado el valor de las obligaciones históricas. Así, estudiantes, docentes, administrativos pudimos continuar nuestras labores, con actitud responsable frente a la salud y al trabajo; sin olvidar que la inclemente naturaleza estaba empeñada en desestabilizar la sociedad y las instituciones. La nuestra se fortaleció, ganó en conocimientos y maneras de proponer soluciones. La renovación de la acreditación institucional, repito, permitirá demostrar esos logros.
 


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