Opinión / MARZO 01 DE 2021

Rotary pinta a Colombia

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Rotary Internacional es una organización cívica de carácter mundial fundada en 1905 por el abogado Paul Harris. Su propósito es hacer de la amistad una ocasión para servir, practicar elevadas normas de ética y contribuir a la paz universal.
Este ideal se ha extendido a lo largo y ancho del planeta, reuniendo en la actualidad a más de un millón y medio de hombres y mujeres, que, desde el ejercicio de diversos oficios y profesiones, se han enfocado en hacer de la solidaridad un estilo de vida, favorecer a los necesitados y dejar el mundo mejor que el encontrado al llegar a la vida.


Una obra que se ha realizado desde hace 3 años en este país se denomina: Rotary pinta a Colombia. Los Clubes Rotarios de cada territorio, eligen un lugar que requiere embellecimiento, realizan una campaña para contar con los elementos necesarios y en el marco de la conmemoración del aniversario de la organización —febrero 23—, realizan una jornada de amor por el lugar, dejando una huella positiva en él.  


Se generan procesos sociales para mantener la calidad habitacional de las viviendas y los espacios comunitarios, así como de las obras o equipamientos urbanos. El aporte de la pintura es un motor para reavivar el sentido de pertenencia de las personas que los habitan, pues el cuidado y la protección de los mismos, deberán ser una prioridad compartida. Por medio de la pintura, la estética y el color, se pretende generar transformaciones en la manera en la que son percibidos los espacios y en el bienestar que en ellos se genera.


El Club Rotario de Armenia —que se dedica al servicio en la capital quindiana desde hace más de 50 años—, emprendió la tarea de darle un rostro más bello a la escuela Villa Oliva, una de las sedes de la institución educativa El Caimo.
Con la alegría de estar pintando el lugar en el que los niños del campo seguirán aprendiendo, creciendo y siendo felices; más de veinte integrantes de esta organización cívica, estuvieron lijando, estucando, limpiando, retocando y pintando los diversos ambientes: fachadas y aulas, restaurante infantil y biblioteca, incluso un altar a la Virgen. Con el acompañamiento de la docente titular Luz Elena Ortegón Uribe, se está llevando a cabo esta obra que incluye la entrega de dotaciones escolares para los niños.


Se pintan las paredes de una Escuela y de esta manera, se pone color al futuro… El verde intenso de los cafetales toma su espacio, para conectar con la identidad y tradición. El verde tenue —incluso más sutil que el de los guaduales—, cubre las paredes bañándolas de luz, ilusión y esperanza. El azul del cielo toma algunos lugares, para recordar a los niños que hay lugar para los sueños y que un mejor futuro es posible y el naranja, presente en la flor del tulipán y en el carnoso fruto que abunda en esta parte del país, también tiene un sitio para hablar de vitalidad y alegría.
Más allá de cubrir los entornos con un color más vibrante, realizar reparaciones menores y embellecer ese templo del saber que es la escuela, es valioso pintar la vida con el color de la felicidad, con la certeza del futuro, la alegría de la amistad, el entusiasmo del mañana y sobre todo… es magnífico pintar en los rostros infantiles una sonrisa, esa que brota cuando nos sentimos humanos, hermanos y amigos…


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