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Opinión / ENERO 31 DE 2024

Ruge el león (2)

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

¿Qué obliga a considerar “histórico”, el discurso de Javier Milei en el Foro de Davos, dos semanas atrás? ¿Por qué el revuelo periodístico, académico, finalmente político, alrededor del mundo, nada más divulgarse los videos oficiales del evento? Primero, el impacto mediático alcanzado: no hay antecedentes, en las 54 ediciones anteriores del Foro que anualmente congrega la máxima jerarquía política y económica del globo, de un invitado que, primero, haya despertado expectativas semejantes -medios de información y participantes mostraron desbordado interés a su arribo-; luego, lo medular del suceso: la recepción de su mensaje por parte de los presentes, y las vistas al audio-video de Milei en la página web de la Organización, que hace días alcanzaron más de medio millón, solo del original - sin contar reproducciones de influencer, noticieros y otras fuentes de divulgación, traducido a varios idiomas. Contrapuesto a las intervenciones de sus pares de otros países, el video Milei arrasa. Macron, el presidente francés, Pedro Sánchez, el español, se ven reducidos a la intrascendencia; nuestro adalid de causas ajenas, aquel del millón de dólares por cuatro días de alquiler de 50 metros cuadrados y un Jeep viejo, queda relegado a patético bufón. No omito los tibios aplausos de los congregados en el salón, quienes tardaron en asimilar el cataclismo retórico-conceptual planteado en el texto, ante una audiencia en su mayoría opuesta a las ideas libertarias del “peluca” Milei, hoy presidente de Argentina. Su sentencia de apertura, “Occidente está en peligro”, continúa captando y conmoviendo oyentes sensibles en los cinco continentes. Es claro el sentido dramático, realista, de la advertencia, respecto a la amenaza latente contra la civilización de la cual hacemos parte, contra los principios que permitieron espectaculares avances y logros de la humanidad, a partir de la vigencia del capitalismo, la democracia y las libertades individuales. La denuncia, el llamado de atención, se refieren a la condescendencia, al coqueteo, del liderazgo orbital respecto al colectivismo, al estatismo, tendencias extrañas, contrapuestas a los principios capitalistas; aberrantes de la libertad del individuo y de la recta democracia, inducidas precisamente desde espacios de discusión como el mismo Foro de Davos, desde la academia y la intelectualidad de izquierda. Ideologías afines al comunismo, al socialismo, en cualquiera de sus variantes o trajes camuflados, vienen horadando de manera sibilina los fundamentos sociales, sin oposición de equiparable resonancia. El grito de Milei, ¡viva la libertad, carajo!, viene a llenar este deplorable vacío. No al Estado omnipotente, enorme, benefactor y entrometido. No al feminismo burocrático, no al ambientalismo extremo que pretende inducirnos a la autoculpa por nuestra misma existencia, por respirar, comer, o suplir necesidades; no a la mal llamada “justicia social” que no es justa ni social.

Por el coraje, por el arrojo y contundencia de las razones, demostrados en cada párrafo, en cada frase punzante, pronunciada con firme serenidad, para ser forzosamente escuchadas por la élite conductora y por la generalidad pensante del mundo; por el virtual lanzamiento de su autor como abanderado de la batalla cultural en marcha, con resonancia continental y global, al discurso de Javier Milei le sobran méritos para ser considerado hito histórico. Reafirmo mi aserto de más de dos años atrás: Javier Milei hará historia. Ya lo está  cumpliendo.


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