Opinión / OCTUBRE 23 DE 2020

Salud: amenazas, crisis u oportunidades II

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a pandemia todo lo varió, incluso las perspectivas frente a la necesidad de un cambio.  Previo a la misma habíamos identificado algunos problemas estructurales de la educación entre otros, un modelo pedagógico tradicional que se resistía a innovar la clase magistral como principal estrategia del proceso en aula, unos actores que se oponían a replantear la pobre utilización de herramientas para la mediación tecnológica. 

Nos llegó la Covid-19 y el mundo entero no tuvo otra alternativa que utilizar solo la medicación Tic y la Universidad del Quindío se mostró con gran resiliencia y coraje frente a la situación. Los actores de la facultad de Salud no fueron inferiores y continuaron avanzando, aunque en el modelo pedagógico tradicional con ayuda tecnológica y a través de distintas plataformas.

No obstante, la tensión se hizo mayúscula, no solo por lo que rodeaba el estar bajo una situación nueva para el mundo, sino las dificultades propias que se tienen al explorar ambientes totalamente nuevos, los inconvenientes propios de la tecnología y el permanecer frente a pantallas tantas horas al día.  

De allí que los tiempos de transformación se hacen ahora más necesarios y urgentes. Si antes requeríamos de personal realmente disruptivo que permitiera involucrarnos en la cuarta revolución industrial con su transformación digital ahora, considero, todos forzosamente lo entendimos así.  Si previamente necesitábamos de actores docentes que asumieran su verdadero rol de facilitadores, orientadores y estimuladores del proceso enseñanza aprendizaje, hoy es de mayor importancia.  Si anteriormente precisábamos de estudiantes que asumieran su protagonismo en el proceso de educación, en uso claro e indiscutible de su autonomía, disciplina, autoformación, comprensión, capacidad de aprendizaje, ahora sí que lo es.  

Por su parte, los novedosos y asequibles, para un sector de la población, escenarios de enseñanza-aprendizaje, verdaderamente interactivos, que faciliten la discusión argumentada, permitan construcción colectiva del conocimiento, además de su aplicación, se tornaron en el día a día del quehacer académico. Se desvanecieron algunas barreras que presentaba el acceso a la sociedad digital; su ineludible uso, exige actualmente unas condiciones de apropiación y empleo realmente válidas y cuya responsabilidad está en todos los participantes del camino educativo. 

En cuanto al desarrollo de pensamiento, hecho fundante del proceso de aprendizaje, transformador de vidas en sus actores, fue quizás uno de los retos principales al usarse estas herramientas tecnológicas. Está por verse su efecto.

En definitiva, estoy seguro de que la pandemia sí que transformó el mundo. Habremos de asumir que gran porcentaje de ese cambio deberá ser introyectado colectivamente, convencernos de su cuidadosa necesidad, aprovecharlo apropiadamente para salir más fortalecidos; de lo contrario, estaremos condenados a repetir historias que seguramente fueron un gran fracaso.   
 


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