Opinión / DICIEMBRE 02 DE 2021

Salud mental, más allá de la pandemia

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

The Lancet, una de las revistas científicas más importantes del mundo en materia de salud, acaba de publicar los resultados de la primera estimación global de la carga en salud mental —cubrió 204 países y territorios— causada por el Covid-19. El informe revela que se presentaron 53 millones de casos adicionales de depresión y 76 millones de casos adicionales de ansiedad en comparación con 2019. Sin embargo, vale la pena ir un poco más allá de lo que evidencia la investigación. Por ejemplo, ¿esas cifras de ansiedad y depresión son consecuencia directa de la cuarentena y sus efectos en la limitación de las interacciones sociales, el cierre de escuelas, negocios y de todos aquellos escenarios propiciadores de relaciones y encuentros afectivos, más allá de la intimidad familiar enclaustrada?

Generalmente cuando se produce un fenómeno cualquiera, la heurística del cerebro le atribuye como causación o razón directa de aquellos eventos acaecidos, lo más cercano en el tiempo, a una circunstancia o situación pasada y con las cuales se busca establecer alguna relación. Lo importante es tener una explicación inmediata así sea forzada e incluso arbitraria, a esto se le llama sesgo de confirmación. Esta proyección de pensamiento puede confundir el enfoque y distraer la atención en buscar las verdaderas razones de lo que estamos viviendo en afectación a la salud mental de la población en general.

De la mano de la proyección de pensamiento —suponer que los demás piensan, reaccionan o sienten y tienen las mismas motivaciones que las suyas— al igual que la imposición social, psicológica y cultural de la falacia de control interno —atribuirle al sujeto responsabilidad de todo lo que le sucede— es ignorar el contexto, la epigenética y la ontogenia, de la mano de la filogenia, propia de los seres humanos. Esos atajos mentales —heurística— hacen que las consecuencias se confundan con las causas, lo cual hace que se pierda objetividad al momento de estudiar una situación como la que traemos a consideración: la salud mental.

Es indudable que el padecimiento de cualquiera de los trastornos que implican el sistema neurológico, las estructuras del cerebro o la mente tienen una base biológica en íntima relación con el contexto material, social, filial y afectivo. Por lo tanto, atribuir responsabilidad de cualquiera de los padecimientos que sufre un niño, pre o adolescente e igual que los adultos al comportamiento, voluntad o albedrío de los mismos es mantener una postura con sesgo moralista que poco ayuda a estructurar estrategias de prevención objetivas y efectivas. 

Seguir en la consideración de que las adicciones, la ansiedad, la depresión, el trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad o el trastorno de apego reactivo, la anhedonia o la neurodiversidad, entre otros muchos tiene que ver con negligencia, inconsciencia o arbitrariedad del paciente, no solo es estigmatizante y violento, sino equivocado. Más allá de la pandemia u otros considerandos inmediatistas, hay que explorar las razones etiológicas que han hecho que la salud mental esté hoy en la situación de deterioro creciente que amenaza el tejido social y un incremento del sufrimiento no solo del individuo sino de su círculo afectivo y emocional inmediato.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net