Opinión / AGOSTO 30 DE 2021

Se calentó el parche

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El 9 de agosto de 2021, 234 científicos del grupo intergubernamental sobre cambio climático (IPCC) advirtieron que este fenómeno es “generalizado, rápido, intenso y es consecuencia de la actividad humana… “no hay ni un solo rincón poblado del planeta que se haya librado del impacto del calentamiento global… que en los últimos 50 años ha aumentado más rápido que en cualquier otro momento de los últimos 2.000 años”. Los expertos llaman a aplicar medidas inmediatas, contundentes y drásticas a gran escala, pero dicen que, aun así, el planeta tardará 20 0 30 años en retomar el pulso.

En anteriores columnas he hecho referencia a la urgente necesidad de que los gobernantes y dirigentes gremiales asuman de una vez con responsabilidad y hechos concretos el cambio climático como columna vertebral del desarrollo regional. Si entienden este urgente llamado implementarían un programa de crecimiento basado en modelos de negocio que contribuyan a la conservación del territorio, del clima y del buen vivir de los pobladores. Eso es mucho más que generar empleos. Ahora mismo se debe incorporar el cambio climático y el calentamiento global como marco de referencia en los planes de ordenamiento y desarrollo territorial. No es simplemente una línea estratégica de competitividad.

Recordemos el foro de recursos hídricos de abril de 2019 en Armenia donde el procurador de entonces señaló que ordenar el territorio no es simplemente negociar o entregar el territorio al mejor postor, hay que lograr un equilibrio dando prioridad al recurso hídrico (La Crónica 13-4-2019). El 10 de octubre de ese mismo año en el foro ‘Ríos de Colombia encausando la calidad de vida’ se concluyó en la “necesidad de que las ciudades se diseñen y se piensen en torno al recurso hídrico… que los sectores públicos empresarial y sociedad civil tengan conciencia de las interconexiones ambientales y los ecosistemas.

A pesar de todos estos clamores, la situación en el Quindío viene agravándose; así lo indican las últimas denuncias acerca de la expansión de monocultivos de aguacates hass, el ICA había calculado 6.000 hectáreas para el 2020. Ya se sabe que todo monocultivo genera afectaciones ambientales fuertes directamente relacionadas con el cambio climático.

“La sostenibilidad en las empresas” no se obtiene simplemente con economía circular, recuperación de zonas verdes y sembrando árboles. Esas son acciones positivas, buenas, y bonitas de ornato, pero ahora se trata de detener una amenaza gigantesca, es la vida lo que está en juego. Ya no es suficiente que los gremios y los inversionistas declaren que sus acciones cumplen con la normatividad vigente, hay que cambiar esas normas y cumplirlas para detener el cambio climático y el calentamiento global.

Cualquier proyecto, emprendimiento o intervención en el territorio o modificación de un modo de vida debe tener una capacidad regenerativa, una contribución cuantificable de descontaminación, revegetación, recuperación del hábitat silvestre y sus servicios derivados, hay que garantizar la salud del suelo, de la gente y de los procesos microbianos; hay que contribuir a restablecer humedales, la fauna y flora y abandonar el modelo extractivista. 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net