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Opinión / ABRIL 18 DE 2024

Se puede

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

No sabemos cómo decirlo más, se ha dicho en todos los tonos, en todos los espacios, en todos los medios; mediante cartas abiertas, artículos de opinión, en mentideros políticos, en conversaciones públicas y privadas, con líderes de barrio, con autoridades municipales, con mandatarios y funcionarios, con los fantasmas de una supuesta clase dirigente, con los gremios, con el periodismo serio y el de pacotilla, y nadie parece interesarse: Calarcá es un pueblo ignorado que a nadie le importa, sin  liderazgo, sin dolientes, seguimos embebidos de las viejas glorias, convencidos de un perfil cultural que perdimos hace mucho tiempo. Hay que decirlo, no tenemos peso específico en el ámbito departamental y regional, cuando pasamos de La María, Chagualá o La Línea, nos damos cuenta que no importamos. 

¿Que representamos en la región? ¿Quién defiende la construcción de la doble calzada Calarcá La Paila?, ¿a quien le interesa el tramo de doble calzada Calarcá- La María?, ya van a terminar el sector La María- Armenia y de la parte nuestra no se sabe nada, ¿cuántos y cuáles son los cargos de importancia del municipio en la región? ¿Cuántos dolientes tiene Calarcá en el parlamento después de que llegó a tener dos representantes a la Cámara y una senadora?, dónde podemos registrar alguna representación de importancia a nivel nacional que eleve su voz en defensa de nuestros intereses. 

En lo territorial sí que estamos perdidos, nada se hace por la integración y las sinergias necesarias de un territorio excepcional, ¿qué pensamos de una eventual área metropolitana, que reúna esfuerzos y recursos, tan escasos en la provincia?, ¿qué de asociaciones de municipios?, ¿qué de la creación de Regiones Autónomas, como alternativa a la malograda descentralización, que conecten con el Valle del Cauca y sus posibles esfuerzos complementarios?, ¿dónde están las grandes discusiones sobre la dirección de nuestro desarrollo?, ¿cuándo se convocará a la clase política y al gobernador a que rinda cuentas sobre su papel con Calarcá?, cuando se les entregará una hoja de ruta sobre nuestras aspiraciones y  sus responsabilidades para poder evaluar su grado de compromiso?, ¿qué de aprovechar de manera sistemática y coherente esta ubicación tan estratégica con el corredor vial más importante de Colombia del que solo recibimos contaminación e inseguridad?, ¿o de los grandes eventos culturales por los que se nos conoció antes?

Ante la cruda realidad de la privatización de la política de la región que permite que parlamentarios y funcionarios importantes solo atiendan a unas empresas políticas particulares a las que deben responder y no a la ciudadanía, es que nos damos cuenta cuanta falta nos está haciendo un parlamentario de Calarcá, que se deba a su territorio no a empresarios particulares, que ponga la cara, que nos convoque, que nos reúna, que nos entusiasme otra vez. 

Para eso necesitamos meter la mano  en el corazón de sus habitantes, en busca de esa calarqueñidad dormida, que permita volverlos a entusiasmar, para que esa Calarcá cívica, esa Calarcá social y política se levante otra vez y rompa las cadenas que la tiene tanto tiempo anclada al pasado.


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