l
Opinión / ABRIL 14 DE 2024

Señor presidente, usted no me representa

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Colombia es un país de tradición campesina por convicción y por vocación, así muchos nacidos en medio de la bifurcación de la cordillera de los andes, entre la vertiente del río Orinoco y el Océano Pacifico o entre Punta Gallinas y la desembocadura de la Quebrada San Antonio en el río Amazonas, no quieran  reconocerlo; por consiguiente no solo nuestros padres sino nuestros abuelos impartían ejemplo y autoridad y las reglas se respetaban o se respetaban y una sola mirada hablaba más que los elocuentes discursos que se escuchan en algunas casas hoy en día, se nos enseñó a respetar a las autoridades del pueblo, al Sacerdote, al Médico, al Alcalde, a los Policías, al Maestro, al dueño de la tienda,  y a todos los mayores a si no fueran de nuestro agrado,  a saludar, a dar las gracias a solicitar permiso, a decir por favor y  esta es la elemental razón por la cual lo respeto,  así yo no hubiese votado por usted en las   elecciones  para  presidente de Colombia, usted es el presidente.

Lo que uno siempre esperaba de sus autoridades es un comportamiento decoroso, intachable, coherente, ejemplar y nos acostumbramos a mirarlos como si estuviesen en un pedestal, ese mismo que uno suponía habían escalado a punta de esfuerzo, de ideas, de sacrificios y percibíamos en todos ellos vocación de servicio, transparencia y autoridad.

Nos enseñaron que para conseguir algo había que trabajar, que lo regalado no duraba o no lo apreciábamos como corresponde y que para obtener el perdón debíamos pedirlo.

Nos formaron para ser buenos vecinos, buenos amigos, buenos ciudadanos, pero incluso si un hijo transgredía la ley tenía que responder, que es mejor gobernar en medio de contradictores que le muestren sus equivocaciones, que con amigos que asienten estúpidamente la cabeza cuando estás equivocado, todo porque el que manda, manda aunque mande mal.

Nos habituamos a cuidar el dinero, a no malgastarlo, a pagar las deudas, a respetar la palabra empeñada, a trabajar muy duro para poder conseguir algo;  en nuestra época no se hablaba de subsidios  que más parecen compras anticipadas de votos que  ayudas para no delinquir,  los verdaderos necesitados están en las calles vendiendo bolsas para la basura, limpiando parabrisa, lustrando calzado, recogiendo cartón, cantando en el transporte público,   o en el campo cogiendo café, abonando un cultivo, limpiando un potrero , sembrando comida.

Nos educaron para respetar los bienes ajenos, la propiedad privada, el dinero de otro, el pensar, el sentir de los demás y a mantener primero la casa en orden antes de pretender dar lecciones de moral insinuándole a los demás lo que deben hacer o dejar de hacer, pues nos educaron con el ejemplo.

Supongo que la Colombia Humana no se tejió para arropar solo 11 millones de colombianos, ¿dónde quedan los otros 39 millones de compatriotas? Nosotros también le estamos   aportando al país, también pagamos impuestos, también requerimos instituciones democráticas, confiables, serias, también deseamos crear empresas, generar empleo; si solo gobierna para sus amigos, allegados y familiares la Colombia que amamos no será Humana y el pacto no será histórico.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net