Opinión / JULIO 01 DE 2022

Solidaridad mafiosa

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Hasta ahora parece que Colombia se cayó a pedazos por culpa de aquella cultura entronizada en el gobierno y la sociedad. Con el gobierno actual quedó la sensación de una época en la cual las componendas, arreglos por debajo de la mesa y puntillazos a las leyes para acomodarla a sus intereses particulares, afectó el discurrir ético del país. Rusbel Caminante continuó su reflexión, afirmó que la crisis social estalló en las calles y la corrupción se convirtió en el enemigo a vencer. Esta afectó el desarrollo económico y social del país con graves consecuencias morales para los ciudadanos que esperaban ver enterrada aquella solidaridad mafiosa. 

¿Solidaridad mafiosa?, no entiendo. Aquella amiga lo miró extrañada. Rusbel Caminante, explicó que, con Petro, como presidente, queda la esperanza por acabar con nombramientos en cargos públicos de burócratas sin moral, eliminar disposiciones leguleyas para contratar a rufianes y con tráfico de influencias premiar a los apadrinados con cargos diplomáticos una vez fueron castigados por la Ley. Sin abandonar al Estado, salieron de un cargo para caer en otro, amparados en una solidaridad mafiosa: Silencio frente al robo y a la maldad. Te tapo para que me tapes; vives por mí, vivo por ti. 

Recuerdo a Max Weber, comentó aquella amiga, sociólogo y economista alemán, quién pronosticó el desencanto de la sociedad posmoderna, signado por el desmorone de las instituciones tradicionales, como el Estado, iglesia, escuela y familia, y la supremacía del desorden social y el vacío moral. Creyó que, con la caída de las ideologías, la religión, el saber y los valores, muchos dirigentes y la mayoría de empresarios y políticos colombianos siguieron el ejemplo estatal para acrecentar sus privilegios. Ganancias sin freno que derrumbaron la moral y la ética para recaer en solidaridades mafiosas, signadas por la corrupción y la violencia como mayores problemas señalados por los ciudadanos.  

Las relaciones de fraternidad, compañerismo y de apoyo recíproco resultó más fuerte entre los mafiosos que detentaron el poder político y económico que entre la mayoría de los ciudadanos que hoy sueñan vivir en paz y sin necesidades apremiantes insatisfechas. Rusbel Caminante aseguró que Thomas Carlyl, aquel filósofo y maestro escocés, jamás imaginó que su frase “Cuando los hombres se ven reunidos para algún fin, descubren que pueden alcanzar también otros fines cuya consecución depende de su mutua unión”, fuera hoy ideal consumado por los miles de manifestantes que festejaron en la calle el triunfo del presidente electo.   

Aquella amiga comentó que con Petro presidente el cambio será posible porque las grandes mafias del poder político y económico fueron derrotadas. Como candidato entendió perfectamente el problema de la solidaridad mafiosa entre gobierno, políticos y empresarios, porque de senador los combatió e hizo condenar a gran número de ellos. De la esperanza y el apoyo para solucionar los problemas heredados, nos aferramos con Pablo Neruda: “Dar para volver a dar. / Que quien se da no se termina. / Cómo se dan sin terminarse, hermano mío/ al mar las aguas de los ríos”.


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