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Opinión / FEBRERO 19 DE 2023

¿Son satánicas tus galletas Oreo?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El arroz chino lleva carne de rata. Al pan del centro le ponen grasa de cadáveres y por eso tiene ese sabor tan especial. Una vez sacaron un muerto de un  tanque de Pony Malta. Los Beatles le vendieron su alma al diablo para tener fama y éxito. Walt Disney está congelado, esperando el momento adecuado para volver. Todos estos mitos serían inocentes muestras de creatividad, comedia o folclor, si no hubiese tanta gente que realmente los asume como verdades.
 

Hace poco me enteré de una teoría bien particular, que circula por internet, sobre el patrón decorativo de las galletas Oreo. Potenciales terraplanistas aseguran que estas galletas llevan en sus relieves símbolos masones, cruces satánicas y una rueda del zodiaco. Ese diseño, y pueden comprobarlo ustedes mismos, realmente tiene una trama compuesta por muchos tréboles de cuatro hojas y, en la mitad, el  logo de Nabisco, la empresa que las fabrica. El relleno es solo esa blanca, grasosa, cremosa y adictiva crema de vainilla. ¡Tráiganme leche!

Ahora hablemos del arroz chino. Si bien es cierto que en algunas regiones de Asia consumen albóndigas de gato y ratas a la parrilla, así como en México comen chapulines y en Colombia, hormigas culonas, es poco probable que los locales chinos establecidos en Latinoamérica, región en donde no es habitual comerse a sus mascotas, utilicen carne de estos animales en sus recetas. Pensémoslo con cabeza fría: los volúmenes que requiere un restaurante son tan altos que tendrían que contar con un proveedor de estas carnes. Criaderos de roedores y felinos en medio de un contexto sociocultural absolutamente hostil para tales actividades, cuando el consumo de pollo, res y cerdo, animales más carnudos y cómodos de mantener, es aceptado y legal. Imagínense lo complicado que sería tener que burlar los controles de Salubridad, o los sobrecostos innecesarios que se generarían al tener que pagarles sobornos a funcionarios para que se hagan los de la vista gorda. Todo sería muy engorroso.

La tendencia a inventar mitos y leyendas alrededor de temas que desconocemos, no es nueva. Los humanos tenemos una fuerte inclinación a completar con la imaginación todo aquello que no sabemos cómo funciona o no podemos comprobar. De esa manera nacieron los celos de tu ex, los dioses griegos y romanos, y así, hasta nuestros tiempos, se mantienen vigentes historias inverosímiles. Este rasgo humano ha evolucionado con el tiempo, pero no tiende a acabarse. Si bien ya no se le reza a Deméter o a Ceres para que la cosecha sea abundante, todavía existen millones de personas que se reúnen a pedirle a un dios que pare la lluvia, mantenga al avión en el aire o que no tiemble la tierra, asuntos que corresponden a fenómenos naturales que son explicados plenamente por la ciencia.

Quisiera finalizar esta columna respondiendo la pregunta del título. ¿Son realmente satánicas tus galletas Oreo? Digámoslo claramente: no, no lo son. Y tú ya estás lo suficientemente grande como para haberlo sabido desde antes. 


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