Opinión / ENERO 14 DE 2021

Todo saldrá bien

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Albert Espinosa es un ingeniero catalán que —forzado por la adversidad y su disposición por la literatura— se ha convertido en un reconocido escritor y guionista. A los 14 años enfrentó un cáncer en los huesos que lo llevó a perder una pierna, un pulmón y parte del hígado, pasando largas temporadas en hospitales en medio de agotadores tratamientos.

Años después, por cuenta de esa difícil experiencia, escribió el guion de la película Cuarta planta, nominada al premio Goya en 2004. En ella relata con humor y ternura, las vivencias de un grupo de adolescentes enfermos de cáncer internos en un piso de un hospital, revelando las distintas maneras con las que cada uno afronta su enfermedad en una mezcla de tragedia y comedia. Un mensaje de esperanza y fortaleza necesario en estos tiempos en que el pesimismo tiende a desbordarnos. 

La película ofrece un recorrido por las diferentes situaciones en el interior del hospital, desde las comidas, los ejercicios de rehabilitación, las escapadas a otros rincones del edificio, las inevitables bromas, los baños de sol en la azotea acompañados de modelos imaginarias, los juegos y hasta competencias en sillas de ruedas. Pero hay algo especial en esa trama, cuando los chicos se apagan, cuando sienten que ya no hay esperanza, un significativo azar les permite encontrar personas capaces de hacer que la vida regrese. Así, empiezan a manifestar comportamientos sorprendentes, correr riesgos, poner en juego la imaginación e incluso agudizar el sentido del humor.

Esas voces que renuevan son necesarias en nuestra vida, voces de aliento, de optimismo, de fortaleza frente a la adversidad, de compañía y sincera solidaridad. Se necesitan con urgencia personas que ayuden a reparar el alma, que inspiren con sus acciones, que motiven con sus palabras. Personas empáticas, que transmitan verdadera compañía y ofrezcan esperanza. El doctor Luis Rojas Marcos, siquiatra e investigador español, expuso en un artículo que “(…) hay características del optimismo como la esperanza, el pensamiento positivo y la extroversión o la tendencia a hablar y compartir que favorecen la salud y fortifican las defensas naturales; por el contrario, estados de ánimo que suelen acompañar al pesimismo, como la desconfianza, la impotencia y el fatalismo persistentes, alterando el sistema inmunológico y endocrino, dañando nuestras defensas naturales y contribuyendo a producir enfermedades”. Pero además asegura que: “Ser optimista o no predice en gran medida nuestra longevidad”.

Siendo un niño le oí decir a mi madre, cuando enfrentábamos situaciones que parecían imposibles de superar, ‘todo saldrá bien’, esa corta frase —que quizás muchos hemos escuchado— es un gran acto de afirmación y de voluntad frente a la adversidad. La vida es bella, aprovechemos los momentos en los que ella se detiene, en los que nos pone a prueba para mejorarnos y mejorar este mundo.

Adenda. Un acierto el nombramiento del coronel (ra) César Jaramillo Durán, como director de la Oficina de Gestión del Riesgo de la gobernación. Un ser humano íntegro y competente. Mucho por hacer, especialmente en educación y prevención. 


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