Opinión / DICIEMBRE 05 DE 2022

¿Tomar café?

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En un país que desde 1974 se definió como cafetero, cuyo mayor ingreso durante décadas fue por el café, en el que las exportaciones dependieron durante lustros del grano aromático, con una infraestructura que se desarrolló en muchas regiones con dineros generados por la caficultura, en donde la educación y la salud estuvieron como beneficiarios de los excedentes cafeteros y aun las donaciones para obras benéficas tuvieron que ver con el gremio y sus productores, parece ser que tomar café se vuelve lejano.

Dicen los que saben, así es nuestro argot, que el café lo introdujeron los jesuitas en 1730, y narran que en 1835 ya se exportaban los primeros sacos desde Santander. Pero volviendo a la historia mas reciente, si bien se sembró en el país con las bonanzas, hace cinco años estaba de rodillas el sector por que sus productores estaban avocados a la quiebra por la no rentabilidad de su cultivo, aunque los comercializadores seguían haciendo su negocio. Allí el resultado del número de hectáreas sembradas y la deserción hacia otros cultivos.

Comenzó una política de cafés especiales y búsqueda de nichos que ha dado un excelente resultado, se acabo con la dictadura de la Federación para la exportación y la apertura ha logrado aumentar el mercado, y nos encontramos hace dos años con circunstancias externas que han determinado el aumento de cuatro veces el valor de la carga. Pero vemos una menor producción fruto de varios factores entre climáticos, de siembra y renovación.

Toda esta introducción para decir que el aumento exagerado de precios durante los últimos meses de la mayoría, sino totalidad, de los bienes de consumo, empezando por la carne que ya se volvió artículo suntuario, las verduras, la papa, en fin, todos los colombianos lo sentimos en el bolsillo, al parecer afectará nuestro consumo de café. 

Una de las políticas definidas hace un lustro fue aumentar el consumo interno para lograr equilibrar los precios y los excedentes; se ha venido logrando, pero al parecer ya ni café podrán tomar los colombianos. Veamos: si de café especial, o como llaman hoy “bueno” se trata, su precio por libra supera los $25.000. Si se trata del común, en algún municipio apartado del Eje Cafetero, de una marca tradicional en la tienda o el pequeño supermercado su valor es $17.950. Obviamente, nuestros ciudadanos consumen en su mayoría de este último, y si hacemos cuentas que una libra alcanza desde veinte hasta treinta cafés (según lo “oscuro o claro”), y lo comparamos con el salario mínimo diario a $33.000, podrán ver que tendrá que invertir por lo menos un día de salario el trabajador para que solo él pueda disfrutar de dos tintos “aguados” al día.

Ya ni tomar café se podrá, por que si de la cafetería se trata no se puede invitar a una ronda por que vale mas que una almuerzo o comida. No se ve la mano de las decisiones políticas para aumentar la productividad y permitir el consumo popular.


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