Opinión / JULIO 29 DE 2021

Tradición que envilece

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Uno de los contaminantes mentales que afecta de manera grave a la población colombiana, es la tendencia a creer que solo lo conocido es bueno, un atajo evolutivo adaptativo que garantizaba a nuestros antepasados la preservación de la vida. Atajo vigente, bien alimentado y reforzado por el statu quo a través del control de los medios de comunicación y las “bodegas” ideológicas de redes sociales, mediante información periférica e irrelevante, además de las falsas noticias, los rumores y el descrédito. Esa tendencia de las personas a atornillarse, mantenerse y afianzarse en lo conocido, influye en el proceso de toma de decisiones presuntamente racional. Falsa racionalidad que refuerza el letargo y la indiferencia social, ya que este proceder heurístico no es más que el resultado de una predisposición filogenética.

En esa perspectiva, el pensamiento se debate entre dos corrientes: “una rápida, automática y, en gran medida, inconsciente, y otra lenta, deliberativa y juiciosa”, tal como afirma Gary Marcus para referirse a la propensión humana de permanecer en las creencias seculares y evitar el cuestionamiento a lo establecido. Esta condición de apego a la tradición, aunque tóxica, quizás sirva para explicar por qué a pesar de lo contraproducente de ciertas situaciones, las personas permanezcan en ellas sin defecto del malestar y el sufrimiento que padecen o producen: una pareja tóxica, el castigo físico, el mal gobierno, los políticos corruptos, la dirigencia perversa y los líderes sicópatas, por ejemplo. Insensatez que lleva incluso, a que las víctimas salgan en defensa de esos perpetradores cuando son objeto de juicio, cuestión o puestos en evidencia.

Para que una sociedad o un país —en este caso Colombia— pueda salir del estado de postración, sumisión y manipulación en el que está inmerso, es necesario reconocer las trampas mentales para poder lidiar con ellas y asumir el gobierno del inconsciente: el factor evolutivamente dominante en el comportamiento y la conducta humana. Y así dejar de lado la ominosa pretensión de racionalidad de la que hacen alarde las minorías dominantes en el país, quienes hacen alarde de tener el control sobre el sistema emocional y pulsional primario sin consecuencias 

Trampas mentales como el efecto de focalización, el efecto halo, el efecto de anclaje y ajuste y, el efecto de familiaridad, propias del sistema de pensamiento tradicional, reflejo o “sistema ancestral”, entorpecen y limitan el buen juicio, la autocrítica y la racionalización del ser y del hacer tanto íntimo como social, lo cual corresponde al “sistema deliberativo”. Esta corriente deliberativa es la que urge interiorizar y asumir por quien esté comprometido con la sostenibilidad y viabilidad del país con perspectiva de dignidad, inclusión, justicia, equidad y solidaridad. Por su parte, el colectivo —tal como lo hacen los jóvenes— tiene que arrogarse y exigir a la dirigencia la superación del anclaje y el apego a la tradición y la inercia, para dar paso a las alternativas de cambio, transformación e innovación con lo cual es posible superar el estado de envilecimiento en que están las mayorías; de lo contrario, el país estará condenado al abismo de la inviabilidad. 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net