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Opinión / FEBRERO 14 DE 2022

Ucrania: una mirada en retrospectiva

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La inminente invasión de Rusia a Ucrania está generando gran preocupación por las posibles consecuencias que esta pueda traer en el escenario internacional, y que de esta revivan los fantasmas del surgimiento de una confrontación bélica a escala mundial.

Vladimir Putin ha utilizado el nacionalismo como una de sus principales banderas de gobierno, y nunca ha ocultado ese anhelo de devolver a Rusia su papel protagónico en la geopolítica global.  Añora lo que fue la URSS de Stalin y Kruschev, e incluso evoca con ilusión lo que fue el poder imperial de los zares y la familia de los Romanov.  Desde hace varios años, viene dando muestras claras de estar aplicando una política de expansión territorial y de atentar contra la soberanía de varios territorios y estados que hicieron parte de la antigua Unión Soviética durante el siglo XX.

Considero que el punto de inflexión de lo que está pasando hoy, fue en 2014, cuando el presidente Putin, en pleno siglo XXI, decidió invadir militarmente el territorio ucraniano y anexar la península de Crimea a la Federación Rusa. A los pocos días de estos hechos, convoca a un referéndum para “legitimar” ese zarpazo territorial, desconociendo y vulnerando normas del derecho internacional vigente, entre otras, contraviene al artículo 2 párrafo 4 de la Carta de las Naciones Unidas que prohíbe “el recurso a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”.

 

En su momento hubo pronunciamientos diplomáticos de la comunidad internacional, se impusieron algunas sanciones a Rusia (como expulsarlo del G-8), y se firmaron los Acuerdos de Minsk (2015) para poner fin a la guerra en la región de Donbas en el este de Ucrania.  Sin embargo, parece que estos esfuerzos diplomáticos no fueron suficientes para, en su momento, persuadir a Putin de no continuar con sus ambiciones políticas y territoriales.

Hoy el mundo está expectante de lo que pueda pasar.  Occidente tiene una oportunidad de superar esta crisis por las vías diplomáticas y de lograr un nuevo acuerdo de seguridad que persuada definitivamente a Putin.  Este Acuerdo, en ningún momento, podrá comprometer la soberanía y la integridad territorial de Ucrania, ni tampoco el derecho que tiene este Estado de ser miembro de la OTAN. 

No se puede caer en los errores del pasado. Aunque los personajes son diferentes y el contexto histórico es quizás distinto, vale la pena recordar uno de los hechos más importantes del siglo XX, los Acuerdos de Múnich. Estos acuerdos firmados en 1938, fueron el momento culminante de lo que se denominó la Política de Apacigüamiento, que no fue más que la actitud extremadamente conciliadora y por momentos complaciente que tuvo el primer ministro inglés Neville Chamberlain, para aceptar y firmar, sin muchas dilaciones, las pretensiones de Alemania para invadir Checoslovaquía.  Todo esto a cambio de la promesa de Hitler de mantener la paz y no continuar con la ocupación armada de otros territorios.  

Días después, como respuesta a las actuaciones de Chamberlain, Winston Churchill pronunciaría la famosa frase: “El que se humilla para evitar la guerra, tendrá la humillación y tendrá la guerra” … el resto de la historia ya la conocemos.


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