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Opinión / FEBRERO 05 DE 2023

Un 14 de febrero cualquiera

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Mi amigo Juan tenía un problema. Su nueva novia, Jazmín, le había pedido llevar «cositas de comer» para sazonar su noche especial, pero él no tenía experiencia en estos menesteres, así que investigó en Google, hizo una lista y salió de su casa con unas pocas ideas y muchas dudas. Llegó al supermercado, se paró en la entrada y respiró profundo. Se sentía desorientado. Entró. Recorrió meditabundo los hiperiluminados pasillos. Tomó su celular para revisar apuntes: chontaduro, borojó, una sandía… Apagó la pantalla frustrado y levemente excitado. Realmente nada lo convencía.

Llegó a la sección de los vinos: “Cabernet sauvignon, merlot, malbec –leía en las etiquetas”–. “¿Sabrán diferente? ¿Será que sí vale la pena llevarle vino?” –meditó. A Jazmín solo la había visto bogando aguardiente; no quería sobreactuarse. Continuó su recorrido. De tanto pensar, recordó que había escuchado alguna vez a un influenciador mencionar juegos “psicomorboafectivos” con fresas y chocolate. Se dirigió a la sección de las frutas, buscó, pero no encontró fresas. “¿Y ahora? ¿Funcionará igual con uchuvas?” –se preguntó. Decidió dejarlo para después y continuó hacia la sección de las galguerías.

Bocadillos veleños, no. Brevas, no. Achiras, no. Leche condensada...

-¡Leche condensada! –gritó, como si hubiese encontrado oro, tan alto, que la impulsadora de compotas para bebés lo escuchó y sonrió cómplice.

Tomó la lata grande en vez del sobre pequeño. Tacaño si no –dijo.

Mientras leía la información nutricional, se imaginaba esparciendo la mezcla viscosa sobre la humanidad de Jazmín, pero, en medio de la fantasía, se le vino (nunca mejor dicho) a la nariz el aroma que les iba a dejar en la piel la leche mezclada con saliva: lonchera de niño de kínder. Hizo un gesto de asco y volvió a dejarla en su sitio. “¡Ya sé!” –exclamó, “¡la crema chantillí funciona mejor!

 Caminó hasta el final del pasillo, donde se encontraba una trabajadora del supermercado.

–Disculpe, señora, ¿en dónde puedo encontrar la crema chantillí?
–¿Busca cremita chantillí? -la mujer usó un tono picaresco. –Bueno, ¿y va a usar poquita o haaarta?
–No, no, lo normal –contestó Juan nervioso. Es para un postre.
–Pasillo siete, y... que se goce harto ese postre, ¿oyó? –Sonrió cómplice y guiñó del ojo derecho.

Juan, sonrojado, se dirigió hacia la crema. Revisó precios y eligió una lata roja que tenía dibujado un oso.

 Deambuló una hora más por el supermercado y al final se decidió también por una libra de uchuvas, media botella de aguardiente sin azúcar, una barra de Halls negros, una chocolatina, unos chicles de sandía, una bebida hidratante «sabor rojo» y unas salchichas (yo tampoco sé). También compró, para consumo personal, una berenjena, una seda dental sabor canela y un enjuague bucal de menta.

 Saliendo, mientras sostenía dos bolsas con la mano izquierda, sacó su celular del bolsillo con la derecha, llamó a Jazmín y con una voz segura e insoportablemente seductora le dijo:

–Prepárate, cangrejita, esta noche será inolvidable. Ya tengo todo.


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