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Opinión / JUNIO 23 DE 2024

¿Un Chamberlain criollo? 

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El pasado miércoles El Colombiano de Medellín publicó interesante editorial titulado “El chamberlanismo de Petro” que me llevó a pensar, tal vez con suspicacia, en lo que está ocurriendo en territorios del Cauca y Valle del Cauca controlados por grupos armados ilegales, mientras sus representantes se sientan en mesas de negociaciones con representantes del gobierno en su proceso de “paz total”. 

Hace referencia a una aparente sugerencia del presidente colombiano de apaciguamiento para el conflicto entre Ucrania y Rusia, cuando viajó a una cumbre en Suiza a la que a última hora decidió no participar, al enterarse supuestamente que se iba “hablar de guerra y no de paz”, lo que no dejó de causar curiosidad que solo allí haya conocido tal detalle de la agenda programada, como lo sugirió el editorialista. 

Les comparto primero esta ilustración histórica de El Colombiano: 

“Neville Chamberlain, primer ministro del Reino Unido desde 1937 hasta 1940, es tristemente recordado por su política de apaciguamiento hacia Adolf Hitler. Su acto más sonado fue la firma del Acuerdo de Múnich en 1938, mediante el cual entregó a Alemania la región de los Sudetes, que actualmente forman parte de la República Checa. Este gesto, que buscaba evitar la guerra con los nazis, resultó ser un fallido intento de pacificación. La estrategia de Chamberlain, ahora considerada como uno de los peores fracasos de liderazgo británico, permitió a Hitler ganar tiempo para fortalecer su posición militar y expandir su territorio sin oposición inicial, resultando en consecuencias desastrosas para Europa y el mundo.” 

En el caso de Colombia, aunque no obedezca a ningún acuerdo, pero sí de hecho ya que las fuerzas del Estado no han logrado debidamente recuperarlas, grupos alzados en armas han asumido prácticamente el control de ciertas áreas urbanas e imponen a sus comunidades manuales de convivencias con horarios específicos, según lo han denunciado las mismas autoridades.  Esto no deja de ser una especie de tolerancia, cuando no se actúa con la suficiente contundencia para impedirlo.  En la práctica se van convirtiendo poco a poco en polvorines que van explotando en otras áreas adyacentes. Y la negativa reiterada del ministro de defensa de no acudir al bombardeo como lo ha solicitado el alcalde de Cali, en aquellos campamentos donde se compruebe la presencia de menores de edad, prácticamente les brinda argumentos para su reclutamiento, así constituya eso violación al derecho internacional humanitario lo que poco interesa a esas organizaciones. Además, ese proceso es claro que a los grupos participantes les permite ganar tiempo y terreno para fortalecerse militarmente hablando, mientras el gobierno menoscaba a las fuerzas armadas y de policía con menor presupuesto, cambios en sus unidades de mayor experiencia, límites a su accionar, entre otras extrañas afectaciones. 

Es de esperarse que esa falta de contundencia de la que se quejan las autoridades afectadas por la acción delincuencial de actores supuestamente comprometidos en un “proceso de paz total” no siga exacerbando la situación de orden público, implementándose de hecho esa especie de Chamberlain criollo.  

 
 


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