Opinión / NOVIEMBRE 27 DE 2020

Una patente que trasciende la Uniquindío

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En nuestra actual sociedad del conocimiento, las ideas innovadoras, el desarrollo científico, dinamizados desde el contacto social, han mostrado el camino hacia a una real transferencia de conocimiento. No obstante, al lograr vincular allí a la empresa y el Estado, y que todos pretendan un objetivo común y esperanzador, ese trabajo en equipo, venciendo las barreras de los egos para implicarnos en proyectos colaborativos, da necesariamente como resultado un verdadero acercamiento a las diferentes realidades sociales.

En esa perspectiva, caminando y entretejiendo con nuestros productores lácteos de los municipios de Filandia, Circasia y Salento, hace algunos años, los docentes e investigadores de la facultad de Ciencias Agroindustriales de la Universidad del Quindío tomaron la decisión de dialogar saberes, como iguales, con ese pequeño sector que engrandece la economía del departamento, indagándoles sobre las necesidades que desde la investigación aplicada se debían enfrentar en relación con sus problemas concretos. Allí se pudo detectar la preocupación que tenían al vender a precios muy bajos la leche recolectada desde primeras horas de la madrugada, pues no tenían forma de conservarla en buenas condiciones de refrigeración. De esas conversaciones y enriquecedores encuentros, surgió la idea de un sistema de enfriamiento y así, aparte de dar respuesta a esa expectativa concreta de un sector tan desfavorecido, hacerlo más competitivo, pues de allí derivan su sustento.

Entra la academia uniquindiana, en desarrollo de la tercera misión institucional y estimulada por un particular sector económico ávido de respuestas concretas, a analizar posibilidades de solución. De allí y luego de más de tres años de diseños y cálculos, entrega un resultado innovador y patentado como sistema de enfriamiento móvil para leche y otros fluidos, el cual pretende llegar con facilidad al pequeño productor de la región; es decir, encontrarse nuevamente los saberes, pero ya con hechos concretos y esperados.

Es claro que para los profesores artífices de este invento, Julio César Luna Ramírez del programa de Ingeniería de Alimentos y el actual decano de la facultad de Ciencias Agroindustriales, les satisfaga evidenciar esa transferencia, pues el bienestar que llevará su creación está en coherencia con el criterio impulsado desde la Vicerrectoría de Extensión y Desarrolllo Social, de favorecer, entre otros, ámbitos productivos regionales sin descuidar las conversaciones y contactos a través del Comité de Ganaderos y Fedegán, para que esa tercera misión en escena, trascienda y aporte al crecimiento sostenible del territorio, apalancado por dos de los actores de la cuádruple hélice: la sociedad con sus expectativas y la universidad en diálogo innovador; es decir, la utilidad social del conocimiento producido en la educación superior pública, necesaria relación desde fuera hacia dentro de nuestra alma mater.


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