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Opinión / ENERO 03 DE 2019

Uribito es un buen muchacho

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El libro Los buenos muchachos del expresidente, de Joaquín Robles, recuerda que Andrés Felipe Arias Leyva, con 27 años, conoció a Uribe en 2000, en el Club Campestre de Medellín, antes de terminar el doctorado en la universidad de California, y desde ahí fue su heredero, admirándolo por la arrolladora pinta del entonces candidato presidencial.

Arias, minagricultura conservador, implementó el programa Agro Ingreso Seguro para revitalizar el campo mediante subsidios a agricultores que no tenían dinero a fin de poner a rendir sus tierras y compensarlos si se aprobaba el TLC.

Marginó campesinos que esperaban capital con el objeto de estimular la producción en sus parcelas; en cambio, utilizó el dinero retribuyendo apoyos electorales a terratenientes, ganaderos y poderosos costeños que habían aportado a la campaña, como los Vives Lacouture, Juan Manuel Dávila Jimeno, María Clara Fernández de Soto de Ávila, Juan Manuel Dávila Fernández de Soto, Ana María Dávila Fernández de Soto y la reina Valerie Domínguez, prima de Shakira, quienes fraccionaron sus predios para recibir más billete.

Por eso, Arias Leyva estuvo preso dos años en la Escuela de Caballería a petición de la fiscal Vivian Morales de Lucio, pero la Corte lo liberó, pues aceptó que no era peligroso para la sociedad y podía comparecer libre a juicio. Al final le dosificó 17 años y multa de cincuenta mil salarios mínimos mensuales, por peculado en favor de terceros y celebración indebida de contratos, con ponencia de la ecuánime magistrada palmireña María del Rosario González de Lemos, mi recordada coetánea en la universidad del Cauca.

No cogió un solo peso de los 26 mil millones que repartió; pero devolvió favores quebrantando los artículos 397 - 409 del Código Penal y principios de planeación, transparencia, responsabilidad, en contratación estatal. Alegó que ministros desde hace 47 años actuaron igual.

En 2014, al oliscar la sentencia voló a Miami, donde confía asilarse, dice ser perseguido político; trabajó varios meses hasta su captura con fines de extradición, en 2016. Una fianza de cien mil dólares permitió su libertad.

Por peligro de fuga igual que Luis Carlos Restrepo, a partir de septiembre de 2017, uribito —vestido de caqui y grillete— habita un calabozo, esperando llegar a descontar tres quintas partes de la pena —64 CP— menos un día por cada 3 de trabajo y estudio.


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