Opinión / ABRIL 16 DE 2021

Vacuna Covid-19: de la incertidumbre a la esperanza

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Cuando ya pasamos los 15 meses del inicio de la pandemia, el mundo supera los 135 millones de infectados, llega casi a los 3 millones de muertos; Colombia rebasa los 2.5 millones y más de 65.000 muertes, ocupando el puesto cuarto en Latinoamérica en casos y el 30 en mortalidad. El Quindío sobrepasa los 35.000 casos y casi 1.100 fallecidos.  

Ahora mismo el mundo se enfrenta a la tercera ola y la posibilidad de que tres o más cepas más virulentas (inglesa, sudafricana y brasileña) sigan permeando fronteras y haciendo presencia en más países, entre ellos Colombia, aunque aún no tan difundida. No obstante, los avances en diagnóstico son notables con la multiplicación exponencial de laboratorios para procesar PCR, incluyendo nuestro departamento con dos.  

Por su parte, los científicos y personal sanitario en acción, nunca tan vigentes como ahora; muchísimos ensayos en tratamiento. Con todo, definitivamente se pone de relieve que la prevención continúa como la mejor arma para combatir los problemas de salud y que, difícilmente en tal sentido, haya algo que supere al uso de tapabocas, lavado de manos y distancia física.  

Sumado a lo anterior, hemos comprobado que cuando el mundo se une y el colectivo se pone al servicio del bien, se logran positivos avances. Aparecen, entonces, las vacunas como la esperanza para que esta “horrible noche” pueda terminar. En tiempo récord se lograron aprobar más de 6 en el mundo, entre las cuales están Pfizer,  Sinovac,  Astrazeneca, Janssen y Moderna; con ellas, la meta es vacunar más del 70 % de la población en Colombia. Desafortunadamente este importante y necesario propósito en el país está muy lejos aún, por diversos factores: más de 100 países comprando vacunas, muchos de ellos acaparan más de las que necesitan; la negativa de las personas por diversas razones pues, según el  Dane, el 65 % manifiesta que la vacuna es insegura, 16 % inefectiva, 9 % que hay manipulación con la misma, 8 % por factores religiosos y, el 2 % restante, otras consideraciones. Otro obstáculo es la barrera de la desinformación, como la relativa a los supuestos fenómenos tromboembólicos con la vacuna de  Astrazeneca, riesgo definitivamente muy bajo.  

Ahora mismo, reitero, la responsabilidad vuelve a estar del lado de todos nosotros, asumiendo el compromiso de mantener las medidas sanitarias y dejando de lado los miedos y las incertidumbres por la vacuna. Aceptar la disponible, dejar el egoísmo y entender que lo más importante para proteger es la salud de quienes nos rodean. Por ello, me adhiero a una frase que circula: “Nadie se sentirá seguro hasta que todo el mundo esté seguro”.  


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