Opinión / ENERO 24 DE 2021

Vacuna única alternativa

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Principio fundamental de Amnistía Internacional, es el “poder decidir sobre nuestra salud, nuestro cuerpo y nuestra vida sexual, como un derecho humano básico”, lo que ahora toma especial trascendencia frente a la polémica desatada frente al Covid-19 y la aplicación de la vacuna para contrarrestar sus efectos devastadores.

El hecho que el 41 % de la población colombiana haya manifestado no estar dispuesta a vacunarse, según encuesta adelantada por Mobimetrics sobre el nivel de percepción y credibilidad de los colombianos frente al medicamento inmunizador, amplía el debate que hasta ahora prácticamente se ha centrado en el tema de la reproducción frente a la discutible libertad de la mujer a decidir sobre su cuerpo, cuando está de por medio el derecho a la vida y la salud de otros seres humanos.

Parece increíble que los centros donde mayor contagio y desastre de todo orden viene generando este mortal virus, es donde menor intención de aplicarse la vacuna tienen sus habitantes, aduciendo razones que obedecen más a dudosas y para nada demostrables intenciones conspirativas alimentadas en las redes sociales por personajes autodenominados expertos en la materia pero sin ninguna trayectoria reconocida en el campo científico. Trayectoria que sí pueden presentar las compañías y organizaciones que a nivel mundial se han concentrado en las investigaciones tendientes a encontrar la fórmula, libre al máximo de todo tipo de riesgos de efectos secundarios y sometida estrictamente a las evaluaciones y controles de las autoridades que en cada país y a nivel mundial están encargadas de cuidar y proteger a la población en la integridad de su salud y de su vida. Si dudamos de ellos, cabría preguntar a los incrédulos y escépticos cuál sería para ellos entonces la solución y cómo se preservarían en lo sucesivo ellos mismos de la amenazas del contagio que continuaría latente en su propia persona para cuidarse y para cuidar la integridad de su entorno.

Desde luego a los gobiernos solo les cabría la alternativa claramente lícita de imponer la obligatoriedad de la vacunación, entendiendo que se trata de una situación de amenaza pública que requiere a todas luces de su intervención determinante y punitiva, sin que para nada corresponda a intimidación o discriminación con las personas que tomen este tipo de riesgosas decisiones perjudiciales en contra de sus semejantes, haciendo eco de observación que en tal sentido plantea en su página oficial la organización AI, cuando señala que “seas quien seas, vivas donde vivas, tienes derecho a tomar estas decisiones sin miedo, sin violencia o discriminación”. Es claro que la libertad de la persona no abarca una decisión tan riesgosa de continuar expuestos y exponer a los demás al peligroso y letal contagio. 


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