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Opinión / JUNIO 08 DE 2023

Verdades, mentiras o engaños

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Un duro momento vive el país. Está lleno de discusiones, montajes, peleas, violaciones y abusos. En las mismas instituciones públicas hay unos tratando de lavarse las manos y quedar limpios creando acusaciones contra otros, dejando un malestar que crece. No es solo por culpa de uno, es por las actuaciones de varios actores, entre ellos, funcionarios públicos y privados, camuflados, que prefieren esconder, tapar, maltratar y acusar que aceptar errores, en lugar de construir país y apoyar a una sociedad que pide justicia y paz verdadera. 

Este momento crítico y duro que vive el país me hace recordar pasajes bíblicos del Eclesiástico 51, 12-20 en el que se lee: “Busque la sabiduría en la oración. Cuando floreció como racimo maduro, mi corazón se alegró. Entonces mi pie avanzó por el camino recto. Gracias a ella he progresado mucho, daré gloria a quien me ha dado la sabiduría. Pues he decidido ponerla en práctica, me he dedicado al bien y no quedaré defraudado”. 

Los pasajes bíblicos sirven para una gran reflexión. Hay que defender el país, pero sin excluir a nadie por política o religión. A pesar de existir dudas de esa defensa en gobernantes, empresarios y la misma sociedad, como ciudadanos, debemos estar siempre dispuestos a aportar para construir una mejor Colombia. Es triste ver líderes a los que poco les interesa el país, pues ya se duda de sus gestiones o labores. Por eso, la ciudadanía pregunta: si no hay interés ni respeto ¿cómo y por qué llegaron a ser líderes? 

No se puede desconocer el conocimiento de muchos líderes, pero, hoy la estructura del país, los errores y daños viejos sin corregir, así como los problemas fiscales y el abandono a sectores productivos abundan. Algunos llegaron a ser ministros o a ocupar cargos en otras oficinas públicas, hay grandes profesionales con valiosos estudios proponiendo e implementado ajustes claros. También hay otros con ganas de figurar para ascender, generando daños, que es lo que ya se vive, no le sirven al país cómo debería ser, si tan solo hubieran manejado los cargos visionando el país, con la sabiduría y conocimiento que se creía tenían, los resultados y problemas serían diferentes a lo que hoy se vive. Increíble tanto tiempo perdido. 

El hombre sabio, fuera de sus títulos, tiene infinidad de caminos y formas para encontrar soluciones, transformar vidas y la sociedad. Él sabe escuchar y llevar a la práctica su sabiduría, que le da firmeza y grandeza para no derrumbarse ante los problemas. Mientras siga el país dirigido con líderes o profesionales con grandes diplomas, pero sin visión de país, Colombia jamás logrará ese sueño de cambio que pide la sociedad y millones de colombianos, y que ya requiere con urgencia el país. 

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y eso es lo que hoy les pasa a ciertos líderes y a millones de colombianos.


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