Opinión / MAYO 21 DE 2022

Vergüenza nacional de los candidatos en la Filbo

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A medida que leyó los resultados del debate, corroboró la pobreza y miopía de los seis candidatos entrevistados. Rusbel Caminante deploró su falta de compromiso con la cultura literaria y creyó que en el ambiente de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, Filbo, retumbaron las palabras del escritor estadounidense Ray Bradbury: “Los libros están para recordarnos lo tontos y estúpidos que somos.”

Rusbel Caminante leyó de Claudia Morales en El Espectador la simpleza de las respuestas y se decepcionó por la falta de cultura de aquellos candidatos. Corroboró su falta de imaginación para comprender la importancia de los libros en la vida y educación de los colombianos. Opinó que son políticos que ni siquiera reconocieron el valor de la Filbo, donde fueron entrevistados; acertó Mario Quintana, el poeta brasilero ‘de las cosas simples’: “Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a leer y no leen”.

Los seis políticos invitados son personas instruidas, aseguró aquel amigo, la culpa es de los entrevistadores. No señor, replicó Rusbel Caminante, las buenas respuestas no dependen de las flojas preguntas, recordó que “Un libro es como un espejo. Si un tonto se mira en él, no puedes esperar que refleje un genio”, J. K. Rowling. Las respuestas de aquellos políticos reflejaron la obviedad con la cual trataron nuestros problemas culturales y la ausencia de propuestas para resolverlos, afirmaron que “hay que fortalecer la lectura desde la primera infancia”, expresión vacía y sin valor. Ingrid Betancourt propuso que es necesario “gravar los libros con el IVA” y afirmar que “todos los libros que vendemos en Colombia son importados”, expresión pobre y fuera de contexto. 

Rusbel Caminante supo por Forbes.co que en Colombia se lee, en promedio, 2.7 libros por año, mientras en Argentina y Chile leen 5. Sobre el porqué de estas cifras debieron hablar, igual sobre las causas de la falta de bibliotecas escolares; debatir las razones políticas y culturales por las cuales hay mínimas bibliotecas públicas, o la falta de presupuesto para apoyar las editoriales nacionales independientes. Con razón Borges afirmó que “Hablar de lectura obligatoria es como hablar de felicidad obligatoria”. La respuesta más desaliñada se escuchó de Luís Pérez, quién con sonrisa despreocupada, afirmó que “muy pronto desaparecerá el libro en papel”. Quién sabe dónde y cuándo lo leyó, porque contra todos los pronósticos, el libro impreso creció, en las últimas décadas, a la par de los audiolibros y libros electrónicos.  

Fueron ejemplos de respuestas para vergüenza nacional, concluyó Rusbel Caminante, aquellas de los otros cuatro candidatos no vale la pena citarlas. Con razón en Las mil y una noches se lee que “No hables nunca de lo que no te importe, si no, oirás cosas que no te gusten”. En una sociedad antidemocrática y selectiva es necesario ser claros con el rol de los libros porque “La literatura nos permite comprender la vida, nos habla de lo que puede ser, pero también de lo que pudo haber sido…No hay nada más subversivo que la literatura”, Vila-Matas -. 


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