l
Opinión / MARZO 06 DE 2024

Vergüenzas de América

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Hechos históricos, desde parámetros éticos actuales, inaceptables, luctuosos, que en su momento contaron, no sólo con aprobación social, sino vistos como gestas gloriosas y altamente redituales para sus protagonistas: primero, el “descubrimiento”, luego la conquista y finalmente el coloniaje -algunos optan por llamarlos invasión, ocupación, genocidio, bajo criterios “progres”, de las mal nombradas “Indias occidentales”, a manos de españoles -recordar la leyenda negra hispana y leer la saga, Ursua, El país de la canela, y La serpiente emplumada”, de William Ospina-, portugueses, ingleses, y en menor proporción de otras naciones europeas, a partir del agónico siglo XV. Complejo proceso en el cual, avanzadas armadas -luego pobladoras- procedentes de un continente con ventajosos recursos y saberes, reclamaron victorias “militares” sobre pueblos aborígenes en abismal desequilibrio de fuerzas, ejerciendo luego dominio sobre estos, a nombre de un Dios desconocido y de remotas majestades. 

Realidad, no por olvidada condenable, acaecida en nuestra América, hoy definitivamente proscrita por todo código penal alrededor del mundo, pero aceptada entonces como práctica “comercial”: el tráfico de esclavos traídos desde su natal África para suplir la carencia de mano de obra en plantaciones, minas, y demás labores del “nuevo mundo”. En ambos casos, la amalgama étnica entre nativos e invasores, entre antiguos esclavistas y sus víctimas, la forzosa asimilación del hecho irreversible, asearon abusos, excesos y horrendos delitos. 

Otro luctuoso acontecimiento continental, sinónimo de oprobio y horror, cubierto por la hojarasca del tiempo, ya en época post colonial, tuvo lugar en el cono sur, nombrado como “La guerra del Chaco”. Confrontación bélica especialmente cruel, sangrienta, entre Bolivia y Paraguay, en pleno siglo XX, de 1932 a 1935, en la cual tras feroces batallas entre ejércitos mal pertrechados, se contaron más de 100.000 muertos, llevando la peor parte la juventud masculina de ambos bandos. 

Y traigo a cuento los tres episodios, extendidos en tiempo y espacio geográfico, a salvo otros de menor  trascendencia para nuestro sur americano, como la guerra de secesión de los EEUU o la llamada “violencia partidista” en la Colombia de mitad del siglo anterior, para darle contexto a mi afirmación de hoy: Insisto, exceptuando los citados, ningún hecho colectivo de horrenda inhumanidad, ocurrido en territorio americano, puede equipararse al éxodo venezolano, inducido desde el poder político. Por cantidad de víctimas, que se cuentan en varios millones, por la intensidad y extensión del daño colectivo, por la tragedia humanitaria que compromete a la totalidad de países del Continente, por la ruina y destrucción moral y física de una nación considerada la más premiada del conjunto en recursos naturales, por lo irreparable de los destrozos, por el acumulado de dolor, de sangre, de catastróficas consecuencias, la tragedia social del país de origen de El Libertador, supera todo lo imaginable como motivo de vergüenza y escarnio para causantes directos o indirectos, para entidades e instancias políticas supranacionales, incapaces de acciones reivindicatorias efectivas, para gobiernos de potencias, apenas conformes con expedir sanciones inanes contra el régimen tiránico, para la izquierda política e ideológica del mundo, para la intelectualidad indiferente e indolente, cómplices necesarios unos y otros de los victimarios. Imposible prever qué nos depara el futuro a los colombianos tras el amenazante velo de incertidumbre que se extiende en el horizonte político, pero a todo lo inexcusable de la experiencia venezolana, a su colosal monstruosidad, no sumemos la inacción ante el flagrante atropello que sufre nuestra propia  democracia.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net