Opinión / MARZO 01 DE 2022

¡Vivir en paz!

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En mi ensayo Perestroika y Geopolítica (1) intento demostrar que la caída y disolución de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas significaba una explosión política de grandes repercusiones desde 1985 -1986 hasta la fecha; en efecto, Ucrania es una de las naciones que se desprendió del antiguo estado comunista y ha intentado —igual que Kazajistán, Bielorrusia y Rusia, entre otros, una vida democrática independiente, sin nexos con la Unión Europea y la Otán.

Y precisamente la Unión Europea ha estado dispuesta a recibir en su seno a los antiguos miembros de la llamada cortina de hierro y, a partir de 2004, han ingresado países de Europa Oriental como Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Malta y Chipre; en 2007, Rumania y Bulgaria; Georgia, Moldavia y Ucrania, firmaron acuerdo de asociación y han esperado la unión definitiva.

Esto es importante recalcarlo porque curiosamente la organización militar del Atlántico Norte y la propia Unión Europea, desde 2014, vienen coqueteándole a Ucrania para que ingrese oficialmente, fecha que es clave señalar, porque desde ese año el gobierno de Ucrania en cabeza de Volodimir Zalenski , decidió tomarse a Donestsk, Lugans, es decir el Donbáss al este, ocho años de cruenta batalla y por lo menos 14.000 muertos. Ahí en este punto se sitúa la situación de guerra e invasión por parte de Rusia.

Putin conocía desde luego el histórico cerco de la Otán y su estrecha colaboración a las fuerzas militares ucranianas de Zalenski; en tal sentido, su decisión de apoyar la independencia del Donbáss oriental, fue recibida por estos pueblos prorusos con inmensa alegría, como se le escuchó al colombiano Muñoz, quién vive hace 34 años en esa región.

En síntesis, la situación geopolítica antes del ataque de la madrugada del miércoles 23 de febrero, ordenada por Putin y que ha devastado por lo menos con 190.000 soldados, aviones y misiles, bases militares, aeropuertos militares y numerosas zonas habitadas de Ucrania, en forma impecable y brutal, que ha llevado a la mayoría de la población a salir en dolorosa y cruel desbandada. La reacción de Occidente ha sido de alerta pausada, con anuncio de drásticas sanciones, no obstante que tropas de diferentes miembros y de la Otán, Estados Unidos y otros países, se encuentren en las fronteras, pero impera atención extrema al desenvolvimiento de los hechos; de otro lado, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, parece convidado de piedra, mientras mueren miles de indefensos habitantes de Ucrania.

Como bien lo dijo el notable pensador Albert Camus en La Peste:” (…) La estupidez insiste siempre. (…) cuando estalla una guerra la gente dice: esto no puede durar, es demasiado estúpido, y sin duda, una guerra es demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre “.

 Un momento histórico que exige seriedad y lucidez, el imperio de la diplomacia al más alto nivel, el fin de las hostilidades, del asedio ruso y claro, del voraz apetito de Occidente por los bienes de Ucrania, país que merece vivir en paz, con democracia y libertad. 

1) Echeverri González, Gabriel. 1996. Situaciones, pensamiento político y otros ensayos. Procesar. 156 páginas.


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