Opinión / FEBRERO 05 DE 2022

Votamos: experimento provinciano

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Mi literario y provinciano experimento carece de las equivalencias dramáticas que, a escala individual, social y sicológica tuvieron, por ejemplo, las del sicólogo Solomon Asch, quien demostró que “la mayoría suele imitar a la mayoría”. O las del también sicólogo Stanley Milgram, —si desea, lea su libro Obediencia a la autoridad; o confórmese con una sinopsis en internet—, quien comprobó que altísimo porcentaje de la población carece de recursos morales y sicológicos para resistirse a órdenes de autoridades explícitas. O Phillip Zimbardo con las suyas, perturbadoras e inhumanas. Como prolongación de mi texto sobre un candidato para presidente de Colombia, para afinar el experimento que hice por WhatsApp, evaluando discrepantes y anticipadas maneras de reaccionar la gente con la cual me comunico, en estos momentos de cabriolas políticas; de exaltadas confrontaciones ideológicas con nebulosos o evidentes intereses; de sectarismos nada convenientes, y tóxica propaganda y desinformación, envié, a varias docenas de mis contactos, un video cuyo título insinuaba contenidos políticos: Votamos. Alto porcentaje de quienes lo recibieron, sin verlo, solo por su título, dedujeron que era propaganda política induciendo a votar en nuestras próximas elecciones. Otros, siguieron de largo, indiferentes o mentirosos. Unos más, se pronunciaron mediante trivial emoji. O con alguna pueril calcomanía de las cuales acostumbran para responder y despachar a sus enlaces. Varios amigos, me remitieron un comentario ajeno por completo al tema del… ¡cortometraje! Ajeno por completo a la política. Por su título, conjeturaron a priori que yo continuaba con mi discurso electoral. No era un video de tal categoría. Mucho menos, publicidad política. Era un emotivo cortometraje nominado para los Premios Goya, donde cada año se registra lo sobresaliente del cine español en varias modalidades. Entre otros, fueron elegidos Farrucas, de Ian de la Rosa y Tótem loba, de Verónica Echegui. Quienes recibieron mi envío, concluyeron, sin abrirlo, que era algún tipo de texto llamando a votar en nuestras próximas elecciones. Lo envié a buenos amigos, intelectuales, periodistas, escritores, estudiantes universitarios, profesores, gente de múltiple idiosincrasia cultural, intelectual, política y académica. ¡No era un video con tal temática! Por su título, quienes no observaran completo el contenido, argumento y desarrollo, deducirían erróneos que era propaganda política del suscrito, provocando con su candidato. Sucedió con 43 personas de 50 a quienes envié el expresivo cortometraje, dirigido por el ibero Santiago Requejo, cuyo contenido despliega la trama de un debate en torno al temor que inspiran los trastornos mentales del miembro de una comunidad, y las consecuentes secuelas discriminatorias de su vecindario. De conmovedor y solidario final. Solo siete de quienes lo recibieron, respondieron con acierto, sin prejuicios políticos, comprobando que lo vieron en su totalidad. Entre ellos mi amigo Sebastián, de Cali, con un perspicaz análisis del cortometraje.


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