Opinión / MAYO 10 DE 2022

Votar secreto y en paz.

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

A pocos días de la crucial primera vuelta para escoger presidente para los próximos 4 años, debe imperar tranquilidad y espíritu democrático, porque la crispación y el nerviosismo no ayuda al clima de paz y concordia; debemos reconocer que la nación ha mejorado en todos los campos del quehacer económico, social y cultural, inclusive, desde el punto de vista electoral, se cuenta con una entidad independiente, organizada y bien dotada técnicamente.

Es necesario reconocer que superada la guerra fratricida de la violencia, el plebiscito marcó una época de algún desarrollo, que después con la reforma de 1968 del expresidente Lleras, aceleró el crecimiento; con la reforma constitucional de 1991, en el gobierno de César Gaviria —hoy desdibujado por la vana politiquería— el Estado obtuvo niveles institucionales valiosos; alcanzamos  a la altura del siglo venidero la paz parcial con las Farc, pero subsiste la inseguridad, el florecimiento de las disidencias, el dolor de cabeza del ELN, el narcotráfico y el aumento significativo de la corrupción.

Una mirada a vuelta de pájaro, enseña altibajos y logros significativos, gobiernos destacados como el de Lleras Restrepo, López Michelsen y Barco, menos trascendentes y algunos regulares, la presencia por lo menos por 20 años de Uribe Vélez, con una intención de voto de apenas el 2% en 2001, pero ganador absoluto con su proclama de tierra arrasada contra las Farc, un período de luces y sombras, seguido de las reelecciones, propia y de Santos.

Colombia ha sostenido un puesto decoroso a nivel internacional, una democracia valiosa y respetable en el concierto mundial. Debe impulsar con énfasis más productividad y crecimiento productivo, decidido apoyo a la economía nacional y las exportaciones, para tener más y mejores empleos productivos con el fin de alcanzar plausibles niveles en educación, salud, entornos protectores para los jóvenes, y superar los terribles índices de pobreza.

La pandemia significó un frenazo en seco, pero los próximos gobiernos tienen la inaplazable tarea de avanzar significativamente y a esa búsqueda debemos apuntarle con diligencia y atento cuidado.

Estoy convencido que los partidos y los candidatos deben hacer un esfuerzo patriótico de convivencia y respeto por la decisión soberana del pueblo; que, definida la suerte de las urnas, se respete la decisión de los colombianos y la escogencia del nuevo presidente, atendiendo lo ordenado por la Constitución Política y las leyes de la República. Que la próxima jornada electoral sea impecable y todos los colombianos sin excepción respetemos el resultado final.

Los señores jurados y los funcionarios de la Registraduría cumplen un papel de primera importancia en el buen desarrollo de los comicios y deben asumir su responsabilidad a la altura de las dificultades del momento.

El voto es secreto y las urnas sellarán la voluntad soberana del pueblo; el país ha prosperado en elecciones exitosas y pacíficas, y la de mayo próximo no será la excepción. Votar temprano, regresar a casita, cumplir con el sagrado deber de la democracia y de la República, en paz. Elecciones libres y en paz, un imperativo de la democracia moderna.
 


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