Opinión / SEPTIEMBRE 28 DE 2009

Y fueron felices

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Varias parejas están contrayendo matrimonio por estos días, inaugurando su nueva vida, juntos; buscando conquistar la ilusión de un hogar tranquilo, armonioso, lleno de amor, donde puedan desarrollar un proyecto de vida compartido y fructífero, invitar al mundo seres nuevos para amarlos y educarlos, y seguir construyendo sociedad desde esa estructura pequeña e insustituible que es la familia.
A quienes celebran el sacramento del matrimonio, primero que todo, una felicitación sincera por seguir creyendo en la institucionalidad y apostando por ella, y segundo, algunas reflexiones sencillas que les pueden ayudar a orientar su camino hacia la felicidad.

Una vida en pareja, es sin duda un regalo inmenso de Dios y la vida, es derrotar la soledad, y contar con alguien único y especial elegido entre millones de personas, para compartirlo todo, dialogar, interactuar, desarrollar proyectos, conquistar sueños y planear un presente satisfactorio y un futuro cada vez mejor.

Es recorrer el camino en compañía, lo que lo hace todo más grato y satisfactorio. Una vez hemos alcanzado el privilegio de encontrar a esa persona, viene el proceso de consolidación del amor, la más sublime experiencia humana y la decisión de elaborar este extenso tejido de la existencia, con los hilos de otra vida, distinta a la nuestra y por eso, sorprendente y enriquecedora.
Forjar el hogar, elegir las actitudes más convenientes para edificar la felicidad del compañero y a través de ella, la de uno mismo, escoger las palabras que hemos de regalarle para cosechar sonrisas de su boca, y construir los proyectos que adelantaremos juntos, es una aventura que debemos vivir intensamente.

Es posible vivir feliz en pareja, y preservar el amor durante muchos años, es viable ser fiel, dedicado, leal, honesto, sincero, generoso y solidario, lo es y por eso, vale la pena que aquellos que han tomado la decisión del matrimonio, se comprometan no solo con la defensa de la institucionalidad, sino también con la conquista de la felicidad, que para muchos parece utopía esquiva y para otros, es simplemente un estado de paz y satisfacción que se conquista con las decisiones, acciones e intenciones cotidianas.

La invitación para estas nuevas parejas, es hacer del respeto, la tolerancia, la ternura, la comprensión y la aceptación prácticas permanentes, mantener la confianza a través de la sinceridad y el buen obrar, y tener una excelente comunicación, que permita que se difumine cualquier duda o inquietud, no dejar que el fuego de su amor sea disminuido o apagado por los vientos que soplan en todos los entornos, mantener el interés, asombro y alegría de aquel que hemos elegido como compañero, dignificarlo, enaltecerlo, enriquecerlo, apoyarlo y acompañarlo, para que esa nueva vida, juntos, se convierta en fuente de satisfacción y crecimiento y se pueda demostrar a la sociedad actual – tan necesitada de referentes y ejemplos – que es posible el amor en su mejor sentido, que podemos vivir juntos y crear hogares sólidos, para que fruto de esos preclaros sentimientos que ligan nuestras vidas, nazcan personitas nuevas, que ayuden a mejorar el mundo con su presencia.

Que sean felices, y que la bendición de Dios les entregue la gratitud para disfrutar los mejores momentos y la serenidad y persistencia para afrontar los tiempos de dificultad. —Con los mejores deseos para Paula Andrea Jiménez y Marco Antonio Ramírez—.

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