Opinión / DICIEMBRE 04 DE 2020

“… y la noche que llega”

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Cuando no se ha superado completamente el susto provocado por las elecciones de los Estados Unidos, no solo por la posibilidad de que fuera reelegido Trump, sino porque éste desconociera en forma violenta los resultados si perdía, comienza el sonajero de candidatos a suceder al presidente Duque, con casi dos años de anticipación, para someter a los colombianos al calvario de las noticias, que van y vienen cargadas de especulaciones de todo orden, alimentadas por las redes informáticas y por noticieros, encuestas y columnistas, que terminan por enrarecer el ambiente político. A la polarización planteada entre el populismo de derecha, de claros perfiles dictatoriales, y el de izquierda, que se inclina por el depredador sistema del socialismo siglo XXI, le están apareciendo alternativas de centro, centro-izquierda, centro-derecha y socialista, esta última ‘moderada’, según sus promotores, para no asustar al capitalismo, en las que se barajan los mismos nombres que han jugado en contiendas anteriores, con distintos maquillajes y estrategias electorales diseñadas para alcanzar consensos que enfrenten con éxito a los ‘dueños’ actuales del electorado y conquisten a indiferentes y abstencionistas. Una propuesta es reunir a los perdedores de campañas anteriores, someterlos a consulta popular y del resultado sacar candidato a la presidencia, vicepresidente, ministros y otros altos funcionarios, en rigurosa escala, de acuerdo con el orden aritmético que arrojen las votaciones. Suena bien. Pero ya se han manifestado algunos de los aspirantes poniendo condiciones que harían inviable la consulta, porque dicen tener un capital electoral que les da mejores derechos, mientras que descalifican a quienes poco les han favorecido elecciones anteriores. Vuelve y juega la feria de las vanidades, los intereses creados, el apoyo de empresarios electorales y la ‘mano negra’ de gremios, grupos económicos, movimientos religiosos y gobiernos vecinos, además de poderosas multinacionales que persiguen la explotación de recursos naturales, el poder accionario de los negocios más ‘pulpos’, la inversión en megaproyectos de infraestructura y mantener el apoyo de las bandas criminales, para controlar el narcotráfico y la venta de armas.

Hay, sin duda, individualidades interesantes, que merecen el beneficio de las urnas, porque en su trayectoria pública han demostrado conocimiento, eficiencia, transparencia y visión de futuro. No menciono nombres, porque la gente los identifica. Pero, desafortunadamente, al poder no acceden quienes tienen méritos y capacidades, sino votos. Y éstos se consiguen en los baratillos de intereses mezquinos, como se compran cachivaches en Calcuta, Tánger, El Cairo y la Plaza España, en Bogotá, donde la calidad es secundaria.

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