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Opinión / NOVIEMBRE 19 DE 2023

Y para el niño una copa de vino, por favor

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En esta edición decidimos salir a la calle para conocer la opinión de la gente. Hicimos las siguientes preguntas: «¿Sabía usted que hasta 1956 a los niños franceses que asistían a la escuela se les servía vino durante la hora del almuerzo? ¿Qué opina al respecto?».

Después de superar algunos problemas logísticos (seremos sinceros, nuestro reportero tiene problemas con la bebida. Ánimo en la doble A, Pachito) logramos entrevistar a tres personas con visiones e intereses diferentes, tres miradas. La primera que les expondremos es la de don Antonio, conocido bohemio local de cincuenta y seis años, amante de los elíxires espirituosos y asiduo usuario del oficio «más antiguo del mundo». Don Antonio manifestó (mientras abrazaba a nuestro periodista): «A usted le voy  a contestar porque lo quiero mucho y es mi amigo. A mí eso del vino gratis en los colegios me gusta y pienso que debería volver. Todo es más fácil cuando uno está borracho, excepto subir escaleras». Intentamos hacerle una segunda pregunta pero se quedó dormido.

La segunda en ser consultada fue doña Otilia Bernal, de sesenta y nueve años. Exmonja, devota, creyente, que actualmente administra una tienda de velas y estampitas. Doña Oti dijo: «Virgen del perpetuo socorro, ¡qué horror! ¿Niños tomando vino en las escuelas? ¿Qué sigue, que cojan mañas homosexuales? La gente en Europa es muy liberal, definitivamente, a pesar de estar pegados de Roma y del Santo Padre. Habiendo costura, catecismo, croché…, el vino vuelve violento al ser humano... Ya me imagino a esos niños todos mareaditos en clase. Dios se apiade de nosotros. Cristo viene».

Finalmente, contamos con el apoyo del reconocido historiador Gonzalo MacMaster. Nos contó que en la Edad Media el consumo de vino era habitual en todas las clases sociales de Francia porque el agua era sinónimo de enfermedad. El proceso de convertirla en vino la hacía apta para el consumo. 

«La higiene en general, y el tratamiento adecuado del agua, en particular, eran temas complejos en esos tiempos. Las bebidas alcohólicas se consideraban seguras porque habían sido hervidas y procesadas durante su elaboración. Los niños bebían vino en lugar de agua no porque sus padres quisieran emborracharlos, sino para evitar enfermedades. Además se consideraban buena fuente de vitaminas y minerales», dijo el experto. «Se creía también que el consumo habitual de estas bebidas ayudaba a mejorar la digestión. En 1860, una ley estableció que las escuelas públicas sirvieran vino, generalmente de baja graduación alcohólica, a sus alumnos, durante el almuerzo, para hidratarlos, nutrirlos y darles energía. Esta norma se mantuvo hasta hace menos de setenta años, cuando fue abolida, en 1956, en medio de fuertes protestas de padres de familia, quienes consideraban que el hecho de que los niños bebieran vino era un homenaje a las tradiciones francesas, además de ser la opción más segura para hidratarse durante la jornada escolar».

(Los nombres de los ciudadanos entrevistados fueron cambiados para proteger su identidad).


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