Opinión / AGOSTO 09 DE 2014

Yo te vigilo: yo te someto

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En mi colegio, durante minutos de fantasmagórica agonía laboral, mi imaginación ha contado 222 cámaras de vigilancia que, gracias a mi paranoia persecutoria, cada semana tienden a multiplicarse geométricamente en la medida que padezco pesadillas con el Gran Hermano. Cada una, se transfigura en calidoscópico fractal tecnológico, despeñándome en el delirio que experimentó Jean Valjean acosado por el inspector Javert, en la novela Los miserables, de Víctor Hugo. ¿Cuántas cámaras para vigilancia incesante tiene su colegio? ¿Cómo influye en sus emociones y actitudes laborales cotidianas, tal intromisión? Las nociones de libertad, intimidad y democracia, derechos y espacios propios, son eclipsadas por una dictadura tecnológica en manos de quienes detentan cualquier grado de autoridad para fisgonear en la privacidad de los individuos en perenne incertidumbre, acorralados por quienes mantienen al acecho de sus movimientos. Disyunción física y sicológica entre el voyeurista observador y los observados. ¿Quién fiscaliza a este y determina el aumento de sus recelos, suposiciones erróneas y cargas eróticas, mientras observa? Es el ojo prepotente, juzgando al observar.

Su espionaje omnipresente e intrusivo deteriora, cada vez más, la privacidad, con su evidente efecto sobre libertades civiles y derechos humanos, aproximándose a cuanto Erick Trist y Frederick Emery, en su teoría de la Turbulencia social, denominan “efecto amansador de los shocks del futuro”. Las cámaras son instrumentos de amansamiento. Dicha vigilancia induce a calificar, clasificar y castigar. Poder disciplinario apoyado en la invisibilidad. M. Foucault, estudia tal fenómeno en su libro Vigilar y castigar, donde expone su teoría de la Sociedad panóptica. La vigilancia es el rasgo institucional centralizado en la vida social del individuo. Gilles Deleuze, en Posdata sobre las Sociedades de control, expande los planteamientos del francés, igual que Mark Poster los revisa desde nuevos puntos de juicio planteando la idea del Superpanóptico. “Las sociedades de control son maquinarias de producción de miedos y dispositivos para enfrentarlos”.

El espacio público y privado se torna indefinido cuando la mirada es poder. La mirada panóptica revisa, ausculta, viola el cuerpo y los rostros, los gestos y silencios del individuo observado. Señala Foucault: “El prisionero es perfectamente individualizado y constantemente visible a los ojos de quien observa”. Esto garantiza su pasividad y el control de sus movimientos. “Reforma la moral de los individuos”. Más todavía: modifica sus hábitos, apreciaciones sobre el lugar donde trabaja, sentimientos, prevenciones. La psicosis del observado, igual brota en el observador, despertándole impresiones vergonzosas que desconocía en sí mismo. La tarea de vigilancia, desde el lugar donde se encuentre, lo atrapa en un solitario regocijo encubierto por su sentido del deber. Nadie sale ileso persuadiendo al individuo para que acepte la invasión de su intimidad, diciéndole que es una efectiva estrategia para alcanzar objetivos de disciplina y organización. 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by:Rhiss.net