l

Ciencia / MAYO 05 DE 2024 / 1 mes antes

Chapman y sus observaciones de la avifauna en el camino del Quindío

Autor : Álvaro Hernando Camargo Bonilla

Chapman y sus observaciones de la avifauna en el camino del Quindío

En Laguneta, distante solo tres horas a lomo de mula de Salento, la avifauna había cambiado por completo. Presentaba abundancia de aves, lo que motivó a Chapman y sus compañeros Miller y Allen, a establecer una estación de observación y recolección. Estación donde hicieron muy valiosas colecciones, especialmente por la cantidad de Grallarias que observaron.

Hace más de un siglo que expedicionarios naturalistas del Museo Americano de Historia Natural, liderados por Frank M. Chapman, hicieron observaciones y dieron cuenta de la avifauna en la montaña del Quindío.

Su objetivo, el estudio de la diversidad de aves que para la época existían en Colombia y Sudamérica, siendo su principal propósito la búsqueda y descubrimiento de dichas especies, su variedad, hábitos y distribución geográfica.

Viajó en barco a vapor, de Juanchito (puerto sobre el río Cauca en Cali), hasta Cartago, de donde continuó su marcha, el 25 de agosto de 1911, pasando por Piedra de Moler, cruzó el río de la Vieja, y, luego de ocho horas de viaje a lomo de mula, en un recorrido de veinticinco millas, llegó a Filandia (6400 pies) 1950 m.s.n.m., a las cuatro de la tarde, lugar desde donde avistó las montañas de Andes centrales con sus nevados de Santa Isabel y del Tolima. 

Luego de pernoctar en Filandia, al día siguiente, rayando las ocho de la mañana, continuaron su rumbo, pasando por el alto del Roble, posada ubicada en la vera del camino, a 7100 pies de altitud (2164 m.s.n.m.); sitio que registraron los científicos con abundancia en aves. 

Continuando su camino, descendieron al valle de Boquía, lugar en el que realizaron la mayor parte de recolección de avifauna, labor realizada a lo largo del valle de las quebradas de Boquía y Santa Rita, lugar registrado con una altitud de 6500 pies (1982 m.s.n.m). La quebrada Santa Rita fue descrita como un hermoso y elegante riachuelo de montaña, que discurre por garantas de roca, formando estrechas cascadas limitadas por una abundante vegetación, rica en musgos y epífitas; según la narración, lo más exuberante que encontraron, en los Andes occidentales.

Le puede interesar: Presencia de hongos en frailejones del páramo ‘El Campanario’ causa declive poblacional

Después de vadear el río Quindío, río que cruza por Boquía, situada a una altura de 6100 pies (1859 m.s.n.m.), continuaron camino, ascendiendo hasta Salento, a donde llegaron en un recorrido de treinta minutos (Lat. 4° 40’, Long. 75° 50’; alt. 6500 pies (1829 m.s.n.m).

El 27 de agosto de 1911, continuaron su camino por la ladera de la montaña, hasta llegar a una altitud de 9500 pies (2895 m.s.n.m.), sitio denominado Laguneta, ubicado cerca del boquerón del páramo, en el paso de la montaña del Quindío, que describen a una altitud de 10.300 pies (3139 m.s.n.m). 

Laguneta se presentaba cubierto de espesa vegetación alto andina, como palmas, helechos arbóreos, orquídeas y epífitas de muchos tipos; lo que motivó a los viajeros para acampar y proceder a observaciones en ese lugar, en donde se instalaron hasta el 11 de septiembre del mismo año. 

En Laguneta, distante solo tres horas a lomo de mula de Salento, la avifauna había cambiado por completo. Presentaba abundancia de aves, lo que motivó a Chapman y sus compañeros Miller y Allen, a establecer una estación de observación y recolección. Estación donde hicieron muy valiosas colecciones, especialmente por la cantidad de Grallarias que observaron.

Laguneta, zona situada sobre el camino, a 6.100 pies de altitud (1.859 .m.s.n.m). Este sitio se presentó a los expedicionarios, como lugar amplio y abierto con poca vegetación, excepto unas estrechas márgenes a lo largo del camino, provisto de magníficas palmeras, y que ascendía suavemente hasta, donde finaliza el ascenso de la cordillera en su ladera occidental, a una altitud de 8.300 pies (3.351 m.s.n.m). En esta zona avistaron por primera vez un ejemplar del   Hypopyrrhus pirohipogaster.

Luego de su estadía de 15 días en Laguneta, regresaron hasta Salento y al día siguiente, comenzaron el ascenso al Nevado de Santa Isabel por el Valle de Boquilla (Boquía). Llegando al páramo, a una altitud de 12.700 pies (3.871 m.s.n.m.), el 13 de septiembre, en donde se asentaron durante tres días, hasta el 16 de septiembre.

A los estudiosos de la ornitología, les será de fundamental importancia consultar al visionario naturalista estadounidense Frank M. Chapman, y así, investigar y comparar la evolución histórica de la avifauna en el territorio del Quindío y disertar sobre el desarrollo sostenible del aviturismo, en el histórico paso o camino del Quindío. 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

Comentarios Bloqueados solo suscriptores

  • Suscríbase a nuestra página web y disfrute un año de todos nuestros contenidos virtuales.

Acceda sin restricciones a todos nuestros contenidos digitales


copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net