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Opinión / DICIEMBRE 07 DE 2022

Los rojos fracasos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El problema de los regímenes de izquierda, la razón mayor de reiterados fracasos en la conducción de naciones americanas rendidas al embrujo de cantos de sirena a babor, no solo radica en la imposibilidad práctica de aplicar recetas de inspiración marxista -nueva o vieja versión-, en mandatos con origen electoral -salvo el caso de Cuba y Venezuela post Chávez, tiranías descaradas, sometidos a constituciones, periodos preestablecidos, controles institucionales, que intentan preservar el contento colectivo mediante altas dosis de populismo. La sustancia del trajinado ideario, disuelta en la utopía de la igualdad, ya de por sí corrosiva, abre fisuras de odio, de resentimiento y rencor, entre fracciones sociales; no armoniza, no se aviene con ideales libertarios, no complementa, más bien antagoniza con la democracia “burguesa”, condenando y combatiendo la propiedad privada, el lucro comercial e industrial, la acumulación de capital, elementos medulares del sistema, eje de la economía del mundo desde la revolución industrial europea y norteamericana. Tampoco ayuda el choque social que generan los recientes adheridos, las causas añadidas al veneno original, llámense ambientalismo extremo, ultrafeminismo, discurso del género, arropamiento de todo tipo de minorías, etc., ni la actitud deconstructiva, demoledora, del falso “progresismo”, frente a los conflictos de la caótica sociedad orbital. 

Los verdaderos talones de Aquiles en todos los ensayos -hasta ahora fallidos- de izquierdización política en Latinoamérica, trascendiendo lo ya expuesto, son: la improvisación e ineptitud de los equipos de gobierno, y la corrupción salida de cauce en las diversas esferas del poder. Ya escucho gritos de protesta: ¿Y acaso la derecha no ha sido corrupta?… No asumo defensas imposibles; me atrevo a anotar sí que el discurso renovador, de cambios drásticos, que sirve a la izquierda como palanca de ascenso al poder, no es, bajo el peso de la evidencia, argumento serio, con resultados para mostrar. Tal como ocurrió y continúa sucediendo con el narco y sus tentáculos, la corrupción atraviesa de parte a parte nuestras naciones, en detrimento de las arcas comunes, sí, pero al tiempo, en desmedro del edificio ético que debería alojar nuestras sociedades. 

Una panorámica de dron sobre la actualidad y reciente historia del continente, permite observar con horror los nefastos efectos de estas lacras: Lula, Correa, Vizcarra, los Kirchner, Ortega, apellidos presidenciales zurdos, asociados con enormes cifras de coimas, de sobornos, procedentes de contratación de obras públicas; Castillo, líder magisterial peruano de supina ignorancia y mísera capacidad expositiva, acumula en cambio una decena de causas fiscales por corrupción manifiesta, probada, arrastrando esposa, familia, allegados personales y políticos. Sobra mencionar a los Castro, Chávez y Maduro, con dilatada trayectoria de incursiones al erario para consolidar patrimonios particulares. Concluir, con resignación pusilánime, que tanto derecha como izquierda son corruptas, y que poco o nada podemos hacer los ciudadanos no adscritos a la política electorera, para erradicar este flagelo de la administración pública, no es postura respetable.


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