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Opinión / MAYO 09 DE 2012

LLévense el túnel

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

   Llegó la hora, quindianos, calarqueños; contamos ahora con gobernantes serios, con periodistas y ambientalistas sensatos, propositivos.

Estas, algunas de sus consignas: ¡No al túnel de La Línea y a la doble calzada! Detengamos a como dé lugar esa obra maligna; nunca ha debido hacerse; sólo trae contaminación, perjuicios y amenazas; llévense su horrendo túnel para otra parte; ahora somos Paisaje Cultural Cafetero, protegidos de Unesco.

Prosperidad y abundancia lloverán sobre nosotros cual maná del cielo; para nada necesitamos dobles calzadas ni obras complementarias, sáquenlas de nuestros vecindarios. Fuera tractomulas, conductores, parqueaderos, talleres, hoteles, restaurantes, y demás. El Machín puede explotar en cualquier momento; cerremos la región a nuevas migraciones; y a la primera fumarola, al primer sismo, huyamos en estampida.

Acciones populares promovidas por nuestros líderes, vanguardia de la sociedad quindiana. ¿Quién rehusaría participar en causas tan constructivas? Ante la apatía general frente a temas de trascendencia para el porvenir regional, nacional, la respuesta de quindianos pensantes como ellos debe ser escuchada. Túneles y doble calzada a Cajamarca, indispensables para el sistema vial del país, hasta hace muy poco objetos despreciados por gobernadores del departamento y alcaldes de Calarcá, cobran importancia política.

Posan hoy como campeones del interés público quienes persisten en ignorar el megaproyecto, en desconocer su trascendencia, en eludir la gestión de beneficios compensatorios para el municipio, en no exigir el cumplimiento del plan de acción ambiental expedido doce años atrás, ni la mitigación de las afectaciones socio-ambientales previstas. Solo en días recientes vinieron a enterarse ellos, gobernantes en funciones, medios de información y opinión pública, de los problemas en las fuentes hídricas que surten a Calarcá, originados en vertimientos desde el interior de las galerías excavadas y escorrentías, con lodos contaminantes.

Extraño; hace más de siete años, cuando se iniciaba apenas la perforación del túnel de prospección, se divulgó el cierre de la primera bocatoma del acueducto local por igual razón y hasta ahora, a excepción de Néstor J. Ocampo y algunos anónimos habitantes de Calarcá quienes además de respeto medioambiental reclamamos compensaciones para el municipio derivadas de la megaobra, nadie había rechistado.

De paso, aprovechando el entusiasmo, gobernantes y seguidores pueden reafirmarse en el rotundo no del Quindío a las industrias, a la minería, a la exploración y explotación de recursos del subsuelo. No a cualquier actividad sustituta de la panacea caficultora, yuquera y platanera, sostén de la asombrosa prosperidad regional, de los altos ingresos de nuestra gente. A la foresta, a la agroindustria, a la sustitución de cultivos, ¡no! ¿Se enteran acaso? Ahora somos Paisaje Cultural Cafetero —denominación sustituta o complementaria de “pedacito de cielo”—, blindados contra intrusos, contra amenazas a nuestra edénica e idílica realidad.

El cielo escuchó las súplicas; pronto tendremos grandes superficies comerciales semejantes a las de ciudades capitales. Sugiero invitar al presidente Santos para darle en pergamino de estilo una buena nueva, mitigante de las malas recibidas por él a diario ante tanto fracaso, tanto fiasco: el Quindío ama y defiende su estado socioeconómico actual; renuncia a toda alternativa de desarrollo; bueno, a casi toda, porque a casas regaladas, ni riesgo; son costumbre desde la reconstrucción. Aún hay familias hacinadas en tugurios. Además, aquí se inspiraron sus asesores en temas de vivienda; casitas = voticos, ecuación elemental practicada con éxito por la politiquería hace décadas.

Mas no todo ha de ser negativo; uno que otro sí para equilibrar: Sí al turismo improvisado y de precios prohibitivos, sí a las murallas verdes de swinglia; al final, el paisaje para nadie; muy democrático. Incluso podría pensarse en una red de miradores elevados a precios turísticos para quien desee disfrutar del paradisíaco paisaje cultural cafetero. Sí a los agroquímicos, sí al empleo informal y al desempleo, sí a los guetos de miseria material y espiritual.

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