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Opinión / JULIO 06 DE 2015

¿Por qué los hombres aman a las cabronas?

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Circula el libro ¿Por qué los hombres aman a las cabronas? de la estadounidense Sherry Argov, en el que instruye a las mujeres como cambiar el trato indiferente y frío de un varón, hasta enamorarlo.

Divide las féminas en buenas y cabronas; pero esta palabrota no se refiere a la infidelidad, debe tomarse como un chiste, en forma irónica; buena es la complaciente que siempre dice si; la otra en cambio se ve difícil aunque esté interesada, o como decían las abuelas, se muestra desdeñosa y por eso es amada. Da instrucciones a las que son demasiado comprensivas con los machos que después de poseerlas pierden interés.
Recomienda ser amables pero enérgicas, dotadas de una fortaleza suave, con pétalos en el exterior y acero en su interior, que impongan su criterio y jamás persigan a un tipo para que no piense que tiene total dominio sobre ellas, que sean soberanas y hagan respetar su opinión cuando él se sobrepasa, utilizando sus encantos. Recuerda que los galanes sueñan con una muñeca fuerte, persiguen a la rogada, gustan que tenga sabor, sin necesidades o prosternada de bruces, como tapete que pueden pisar. 

La cabrona tiene de lo que la buena carece: claridad mental, que le permite ejercer su poder cuando sea necesario, sabe hasta donde llegar pues no se deja llevar por el romanticismo; con ella él nunca siente que ha conquistado por completo, la sigue pretendiendo, algunos lo intentan toda la vida; en cambio la buena lo da todo hasta quedar en evidencia, con saldo en rojo, en bancarrota sentimental. 

Invita a las mujeres a la irreverencia para mejorar su autoestima; no irreverentes con otras personas, sino sobre lo que otras personas piensan. Una cabrona es poderosa porque actúa independiente, vive sin los estándares de las demás, sino bajo los propios, en un mundo que educa a las niñas a ser obedientes. 

Isabela Santo Domingo en sus libros recomienda ser morrongas, manipuladoras y solapadas -frente a caballeros que las prefieren brutas- con el fin de pescar marido que merque y regale de todo; en cambio la gringa trae 100 consejos, para entrenarlas a ser reinas ensueño, imposibles de pisotear como una alfombra, concientizándolas de que el éxito en el amor no se basa en la apariencia, sino en la actitud. 


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